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Donald Trump es el nuevo presidente de EE.UU., tras su victoria sobre la demócrata Hillary Clinton. Ha obtenido una clara mayoría de votos electorales, triunfando en los principales estados que suelen oscilar en el sentido de su voto, siendo especialmente significativa su victoria en las zonas industriales de la región de los grandes lagos, tradicionalmente demócrata. Clinton ganó claramente en las grandes zonas urbanas, la costa nordeste y la costa oeste. Las soflamas vertidas por Trump en su campaña han sido, para algunos, muestras de la furia incontrolada de un león radical y xenófobo; para otros, reflejo de una incorrección política hábilmente empleada para atraer todo el electorado descontento y harto de que, mientras escucha discursos grandilocuentes, ve minados su sueldo y su bienestar, y es temeroso de no poder transmitir a sus hijos un estado de bienestar ganado a pulso a lo largo de las últimas décadas, que no es partidario de compartir inmediatamente con cualquier recién llegado. Al repartirse la tarta entre más, la porción adjudicable a cada uno es indudablemente menor. Esta sencilla cuenta se la han hecho probablemente muchos votantes de Trump, como también muchos votantes del Brexit. Es innegable que la globalización y en especial algunos de sus efectos están sobre la mesa.

Para muchos analistas, directivos y gerentes, el ciclo de conversión del efectivo, es decir, el término en días desde que una empresa paga sus cuentas hasta que cobra de sus clientes finales, resulta un indicador de mucho interés en la evaluación de la liquidez y la sostenibilidad de un negocio. Sin embargo, se podría caer en el error de sobreestimar esta variable y por consiguiente dejar de observar el bosque para quedar en el detalle del árbol.

El escenario de tipos de interés excepcionalmente bajos, que llegan a situarse incluso en terreno negativo en los plazos cortos, constituye un aliciente indudable para las operaciones corporativas. Las grandes empresas europeas, con buen rating[\/i] crediticio, tienen acceso a financiación a largo plazo a tipos fijos muy inferiores a las rentabilidades que pueden obtener invirtiendo en la compra de acciones de sus propios competidores. La rentabilidad por dividendo media ofrecida por las compañías del Euro Stoxx 50 supera claramente, a los precios actuales, el 4%, mientras el tipo de interés a largo plazo al que se financian dichas compañías se sitúa en niveles claramente inferiores, del orden del 1% a diez años y de menos del 2% a 20 años. [b]Obtener financiación a 20 años a un tipo fijo inferior al 2% anual, permite acometer, sin grandes riesgos financieros, operaciones corporativas de gran envergadura, pagando precios que, en otro escenario de tipos de interés, serían prohibitivos[\/b].

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