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La educación de los hijos como los pimientos de Padrón (Nota Técnica, 2ª Parte)

Segunda parte de la crítica y resumen del libro con éste título de Emilio Pinto....

Segunda parte de la crítica y resumen del libro con éste título de Emilio Pinto.

Ventanas abiertas

La televisión es como una ventana abierta: si la ven, hay que procurar que no la vean solos, y que tenga un horario limitado. Un televisor por habitación implica incomunicación familiar. Y cada vez hay más ventanas abiertas: Internet, el ordenador, las video consolas, los DVD’s…y no todos lo pueden ver todo. Los adultos estamos para aportar juicios de valor sobre lo que está viendo el menor, y la comunicación y el diálogo con los padres es una fuente abundante para enriquecer la ecuación de los hijos. Lo más importante es mantener vivo el diálogo y saber diferenciar el diálogo familiar de otro tipo de diálogos.

Las salidas, frecuencia y horario, son otra actividad que requiere nuestra atención para el autor: fijar unos límites claros, normas de seguridad, estar listos para el día siguiente aunque se haya dormido poco: si eres mayor para salir, también lo eres para cumplir. Deberíamos orientarles a cumplir mejor con su tiempo de ocio. Sin embargo, lo normal es que se produzcan diferencias de criterio entre los padres, y es que en los hijos es natural buscar el divide y vencerás. La unión de los padres hace más fuerte la educación de los hijos.

A veces los hijos optan por el mutismo electivo, que consiste en la ausencia de lenguaje cuando se conserva la capacidad de hablar. No contar nada a nadie es un problema en sí mismo. A veces esto ocurre porque los padres se precipitan en tratar de solucionar el problema, sin dejar que el hijo lo intente primero, y aprenda de sus errores. El hijo tiene que encontrar en los padres a personas que le hacen pensar.

Otros problemas...

El "bullying" es un anglicismo que designa de forma genérica el fenómeno de la intimidación o maltrato entre iguales, que lleva a cabo un "verdugo" con el beneplácito o la indiferencia de un grupo de espectadores. El colegio, la sociedad y los padres deben ser intolerantes con este tipo de actitudes violentas, pero al mismo tiempo, sobre todo si los "verdugos" son nuestros hijos, entender que hay trastornos que pueden ser graves, pero recuperables, y actuar con diligencia para comprobar bien los hechos, y sobre todo, no llegar tarde. Los padres deben dejar de defender a su hijo para intentar ayudarle. Los hijos que son víctimas tienen que encontrar apoyo en sus padres, pero en casos extremos, deberemos de tomar la iniciativa, cambiando incluso al niño de colegio aunque nos pueda parecer injusto. Lo más importante es reaccionar antes de que la victima comience a sentirse culpable, y pueda pensar por sí mismo en salidas más drásticas.

Hay hijos que maltratan a los padres de forma física o psicológica, en un proceso en el que las relaciones personales se van deteriorando progresivamente. No es bueno acostumbrarse, ya que sólo el paso del tiempo no cura a los maltratadores. Si es físico, requiere denunciar los hechos. Si es psicológico, debemos de prestarle atención, porque puede ser el germen de un maltrato físico posterior. La unidad de los padres, una vez más, es clave, y la alineación del hijo con uno de los cónyuges, un peligro a evitar. En caso de provocación de los hijos (1) no utilizar nunca el sarcasmo como arma defensiva (2) controlar la expresión facial y el lenguaje corporal (3) ignorar las reacciones no verbales (4) tratar de que expresen sus razones, forzarles a ser reflexivos y coherentes (5) no dejarse influir por el estrés emocional. Hay que pensar que a veces es mejor una buena discusión que un silencio lleno de resentimiento, por miedo a las represalias.

Los niños "sillón" no suelen preocupar a nadie, con ellos parece no haber problemas, son extremadamente callados, no tienen muchos amigos, no salen de casa, cumplen con sus obligaciones, nunca les pasa nada, pero están como tristes. Debemos comprender que no dar problemas no significa que el niño no los tenga, y aunque hablan poco y de ellos se habla muy poco, necesitan ayuda como el que más para "levantarse".

Ser padres

Para poder atender mejor a los hijos que "pican" hace falta vocación (querer ser), profesionalidad (saber ser) y pasión (querer saber y saber querer). El trabajo de los padres tiene que resolver problemas, elegir opciones, ofrecer oportunidades que ayuden al crecimiento y desarrollo de los hijos. Para ello deberemos de tomar decisiones, y por tanto (1) hacer un diagnóstico adecuado (2) identificar alternativas válidas (3) prever las consecuencias, y (4) ponerse en lugar del hijo, con perspectiva.

Sin embargo, los padres deben quitarse de encima esa mala conciencia de estar poco tiempo con los hijos; sea mucho o poco, lo conveniente para el hijo es que sea un tiempo para educar, donde debe haber hueco para la diversión, pero también para la exigencia. Para aprovechar el tiempo que estemos con ellos, hay que administrarlo en dosis, cuantas más mejor, no podemos darles todo de golpe, hay que aprovechar para conocerse (en ambas direcciones, no sólo contar nuestras batallitas que les terminarán por aburrir), sin inundar la agenda de actividades o exceso de ansiedad por hacer cosas, lo importante es hacerlas juntos. Debemos recordar que la molestia de los padres suele ser aprendizaje de los hijos, y que a la larga, no merece la pena cambiar tiempo por dinero.

Hay momentos en el que algunos padres sienten vergüenza de sus hijos, por cómo visten, cómo hablan, aspectos de su carácter, etc. El sentimiento es más habitual de lo que se piensa, y normalmente los propios padres tratan de evitar trabajar sobre este sentimiento. Creen que lo que le dicen a su hijo lo hacen por su bien, aunque en realidad pueden hacerlo sólo porque no les cause vergüenza ante la familia o amigos. Sentir vergüenza es en realidad equivalente a decir: no ha cumplido mis expectativas. Y ante el problema, unos lo tratan de ocultar y otros se quejan en silencio. Probablemente lo mejor sea revisar las expectativas, pensar que los padres son responsables, pero no culpables y estar más atentos, pero en último extremo, el que ha de asumir las consecuencias de sus actos son los hijos, no los padres.

La sal

Un alimento en su punto de sal, no recibe quejas de nadie, pero si está soso, todo el mundo se queja. Con la espiritualidad pasa igual: no sólo existe la razón y el corazón, el alma también existe. No está de moda hablar de religión, ni declararse católico, apostólico y romano, pero no importa: la experiencia proporciona muchas evidencias de que la espiritualidad ha supuesto un gran apoyo para muchas familias. La frase "cuanto se puede cuando no se puede más" representa la fuerza que llevamos dentro, casi sin saberlo, que nos ayuda en momentos difíciles a enfrentarnos a problemas que en frio no pensábamos que fuéramos capaces de resolver.

Hoy en día es muy difícil hablar de Dios, y más aún a los jóvenes, pero la obligación de los padres es ofrecer a sus hijos alternativas, para que sean ellos luego los que elijan y decidan que aprovechar. Muchos sólo se agarran al consumo, al placer o al poder, pero cuando estos desaparecen, se puede entrar en un vacío indescriptible, y hay que aportar herramientas que les ayuden en ese caso.

Para que la persona crezca en toda su amplitud necesita ser ella misma, no la extensión de nadie. Hay padres que tienen miedo de que sus hijos crezcan, de que cometan errores y de que corran riesgos, pero la realidad es que deben ser ellos mismos. Los hijos no son la vida de los padres, son su propia vida, y deben tener sus propios sueños, ya que la alegría de conseguirlos es la que proporciona el éxito (no en el sentido que le vienen dando nuestra sociedad actual, sino entendido como sentirse orgulloso de uno mismo).

Ir más despacio...

El mundo en el que nos movemos va cargado de dosis de urgencia, inmediatez y ansiedad. Todo tiene que ser para ayer, y la cadena de frustraciones y desilusiones no hace sino que aumentar. Y lo normal es que como una responsabilidad más, imprimamos a la educación de nuestros hijos esta energía, sin entender que a veces la persona necesita tiempo libre, para pensar, para escribir, o para no hacer nada. No es imprescindible estar todo el día haciendo cosas. Pero la realidad es que los niños están más acelerados que nunca, saltando de un curso a otro, de una actividad a otra, casi como preparándoles para "sufrir" una vida similar a la que llevamos nosotros.

Debemos tener cuidado también con la economía próspera. El último ciclo benigno de más de 15 años de crecimiento económico y bienestar tiene muchas cosas buenas, pero acarrea alguna carencia. Si todo es tan fácil de conseguir por parte de los padres, a los hijos les faltará creer en ellos mismos y en todas sus posibilidades.

En definitiva, los padres deben ser cimientos, no paredes, creando relaciones de ayuda, no de esclavitud. Querer a la familia debería convertir cualquier deber en algo que se quiera hacer: conseguir unir el deber y el querer, esta unión, hace que los sacrificios más grandes se transformen en satisfacciones infinitas. La herencia es responsable de una considerable proporción de variaciones en la personalidad del individuo, aunque algún aspecto negativo, como el temperamento, puede ser anulado por la inteligencia, y es que el entorno es tan importante como la herencia.

Respecto a los consejos, los padres pueden y deben darlos, pero mejor varios que uno solo, y abiertos en varias direcciones, a modo de sugerencia; pueden también dar opiniones, pero hay que evitar hacer juicios, ya que a lo único que conducen es a evitar el diálogo. Es vital elegir adecuadamente momento y lugar.

En definitiva, la "resiliencia" es la capacidad de una persona para desarrollarse de forma positiva y construir algo bueno, a pesar de las dificultades que se encuentre en los comienzos, y la labor de los padres es clave en conseguir el desarrollo de los hijos. Se puede ser un buen padre aprovechando la experiencia de otros, no dándose por vencido, conociendo la motivación de los hijos, destacando lo positivo y trabajando en lo negativo, aprovechando cada oportunidad que se presenta sin agobiar, entendiendo que no hay una única solución, sin tener miedo al error, dando ejemplo, yendo por delante, siendo sincero, no prometiendo lo que no se pueda cumplir, hablando claro y siendo generoso en el esfuerzo, buscando las críticas que ayudan a mejorar. Para ser un buen padre sólo hace falta ser una buena persona, tener una meta y querer llegar a ella.

Adjunto
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Comments (1)

  • rafaelorbe@nextel-es.com

    rafaelorbe@nextel-es.com

    25 Marzo 2008 at 22:38 | #

    Por mi experiencia como padre de ya casi seis pimientos de Padrón (aunque los míos deben ser de los "murcianos", porque pican todos; aunque, bien mirado, si no pican es que no son), me quedo con tres conceptos:

    - La importancia del ejemplo. Cuántos en casa (y cómo no en la empresa) decimos a veces el “haz lo que digo y no lo que hago”.

    - La importancia de la prevención y la anticipación. Recomiendo a quien le interese un libro de Fernando Corominas que se llama “Educar hoy”. Hace hincapié en aplicar una triple dimensión en la formación de los hijos: entrenándoles el cuerpo (plano físico), instruyendo su intelecto (conocimiento) y educando su voluntad (valores), utilizando y optimizando los periodos sensitivos y los instintos guía que cada individuo (hijo) presenta en su desarrollo a través de planes de acción concretos.

    - La idea de no evitarles el sufrimiento, es una cuestión que últimamente me viene mucho a la cabeza. ¿No estamos creando niños burbuja alejados de la realidad? En fin, que creo que no hay que evitar que los hijos se caigan sino estar ahí por sin necesitan ayuda para levantarse… pero hacer esto casi es mas difícil que lo del ejemplo.

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