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Entrevista a William Faulkner en 'The Paris Review' (Reseña de Libro)

¿Cómo lo hacen los grandes escritores? James M. Cain hizo una observación muy aguda al declarar que "escribir una novela es como trabajar en política extranjera. Hay muchos problemas que resolver. No todo es inspiración," y Joan Didion afirmó: "reescribo todas mis frases. Cada día vuelvo a la primera página y vuelvo a escribir lo que ya tengo escrito, me ayuda a coger el ritmo". La publicación The Paris Review ha sacado a la luz los pensamientos más reveladores de los grandes novelistas de las últimas décadas. A lo largo de más de medio siglo esta revista ha entrevistado a los novelistas, poetas y guionistas de teatro más relevantes del panorama internacional y las entrevistas por sí solas se han convertido en piezas clásicas de literatura. Ignacio Echevarría, editor de este volumen, ofrece una selección de las quince entrevistas más celebradas en la historia de esta publicación. Estos encuentros abarcan una amplia muestra de inteligencia, personalidad, experiencia e ingenio de maestros de la literatura. The Paris Review se fundó en 1953. "Tengo todos los ejemplares de The Paris Review y me entusiasman las entrevistas. Formarán un buen libro cuando se recopilen." Ernest Hemingway

De entre todas las entrevistas que se incluyen en el libro, me he acercado directamente a la de William Faulkner, siguiendo la recomendación de un lector del que me fío. Esta entrevista se realizó en Nueva York a principios de 1956, pero sigue manteniendo intacta su plena actualidad.

William Faulkner destaca por su sinceridad, ironía bajo niebla en muchas ocasiones, autodidacta siempre. Comienza advirtiendo a los lectores que sus respuestas a las preguntas que le hagan pueden variar de un día a otro, por lo que en general no se fía mucho de las entrevistas. Es de los que piensa que lo importante no es el escritor, sino su obra. Que de no existir él, otro hubiera escrito sus novelas...y fue Premio Nobel de Literatura en 1949.

Caricaturiza al escritor que tiene tiempo de preocuparse de sí mismo y al que abandona su obra a cambio de fama o relaciones públicas.

Piensa que lo más difícil es hacer poesía, y que los poetas fracasados tratan de refugiarse en los relatos cortos, y más tarde, si vuelven a sentir el peso de la derrota, escriben novelas. La receta para ser un buen novelista es un 99% de talento, otro 99% de disciplina y otro 99% de trabajo...Y sobre todo, nunca sentirse satisfecho con lo conseguido, nunca se es tan bueno como puede serlo; se siente mejor intentando ser mejor que él mismo, sin necesidad de compararse con nadie. La única responsabilidad del escritor para Faulkner es su arte: hay que desecharlo todo para conseguir escribir el libro, y si tiene que "robar a su madre", el buen escritor no dudará en hacerlo, porque todo es relativo frente a la gloria de la obra terminada.

Insiste en que un escritor no necesita la libertad económica, sólo necesita lápiz y un poco de papel. No recuerda haber visto nunca un escritor bueno que proceda de haber aceptado dinero regalado. Un buen escritor nunca presenta una solicitud a una fundación, ya que está demasiado ocupado escribiendo algo. La única cosa que puede alterar a un buen escritor es la muerte. Opina que el éxito es femenino y que es como una mujer, que si te encoges ante ella, te anulará. Entonces hay que tratarla enseñándole la palma de la mano. Y quizás entonces será ella la que se arrastre...

Para Faulkner, la obligación de un escritor es hacer su trabajo lo mejor posible; sea cual sea la obligación que le quede después de eso puede cumplir con ella como desee. Él mismo reconoce que está demasiado ocupado como para ocuparse de su público. No tiene tiempo de preguntarse quién le lee, y no le importa la opinión del americano medio sobre él. Tiene un compromiso consigo mismo, y debe sentirse bien al terminar cada obra que escribe.

Respecto a la técnica de escritura, cree que no hay atajos, que el escritor joven sería un estúpido si siguiera una teoría. Cree que hay que aprender de los propios errores. Cuando la técnica no interviene, las escritura resulta más fácil en otro sentido, y en su caso siempre hay un punto en el libro en el que los propios personajes se alzan y se encargan de las cosas y terminan el trabajo, sin orden concreto, en algún punto en torno a la página 275...Cree que los escritores siempre crean a partir de alegorías de la conciencia moral, porque las alegorías son incomparables. Como los tres hombres de Moby Dick, que representaban la trinidad de la conciencia: no saber nada, saber pero que no importe, saber y preocuparse de ello.

Faulkner no sabría decir cuánto hay de su experiencia personal en su obra; nunca lo ha calculado, porque no importa "cuánto" según su opinión. Cree que un escritor necesita tres cosas: experiencia, observación e imaginación, y dos de ellas, a veces incluso una, puede suplir la falta de las otras. En su caso una historia suele comenzar con una sola idea, un recuerdo o una imagen mental. La escritura de una historia es sencillamente una cuestión de trabajar hacia ese momento, explicar por qué ocurrió o que hizo que sucediera después. Diría que la música es el medio más sencillo de expresarse, pero dado que lo suyo son las palabras, tiene que intentar expresar con ellas lo que la música habría hecho mejor. Pero a pesar de eso, él prefiere utilizar palabras a la música, ya que prefiere leer a escuchar, prefiere el silencio al sonido, y la imagen producida por palabras se da en silencio: el estruendo y la música de la prosa se dan en silencio.

Algunas críticas le recriminaban que incluso a veces incluso después de leer dos o tres veces el capítulo, seguían sin entenderlo. Faulkner replicaba que lo leyesen cuatro...Reconoce no saber nada de la inspiración, ha oído hablar de ella pero nunca la ha visto. Cuenta en la entrevista como comenzó a escribir: conoció a Sherwood Anderson en Nueva Orleans y de vez en cuando paseaba con él, mientras le escuchaba. Faulkner pensó que si aquella era la vida del escritor, él tendría que serlo y así comenzó a escribir su primera novela, "La paga del soldado". Después de tres semanas sin salir a pasear, Anderson pasó por su casa, y le preguntó que si ya no quería conversar con él. Al replicarle que estaba escribiendo su primera novela sólo le dijo "Dios mío"...y se marchó. Cuando terminó de escribirlo, la mujer de Anderson le ofreció un acuerdo: "Sherwood dice que si no tiene que leerse tu manuscrito, le dirá a su editor que lo acepte"..."Está hecho", replicó Faulkner.

Comenta en otro apartado de la entrevista que hacía todo tipo de trabajos para ganar un poco de dinero, y poder seguir escribiendo; reconoce que nunca necesitó mucho dinero y que lo único que quería era un lugar donde dormir, un poco de comida, tabaco y whisky. Podía hacer muchas cosas durante dos o tres días, para luego vivir el resto del mes con lo conseguido. Dice tener temperamento de vagabundo, y que no le gusta tanto el dinero como para trabajar por él. En su opinión es una vergüenza que haya tanto trabajo en el mundo: una de las cosas más tristes que suceden es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas al día es trabajar. No puede ni comer ni beber durante ocho horas al día, y cree que ése es el motivo por el que el hombre hace que él mismo y todos los demás se sientan tan miserables y desdichados.

Sobre el futuro de la novela, imagina que mientras la gente continúe leyendo novelas, la gente continuará escribiéndolas, o viceversa, a no ser que las revistas con imágenes o las tiras cómicas acaben atrofiando la capacidad del hombre para leer, y que la literatura vuelva a la escritura con imágenes de la cueva neandertal...

Dice no tener tiempo para leer a otros escritores contemporáneos ni para escuchar a los críticos: los que quieren ser escritores leen las críticas, los que quieren escribir no tienen tiempo de leerlas. El escritor escribe algo que emocionará al crítico, y éste escribirá algo que emocionará a todos excepto al escritor. Lo único que Faulkner dice que puede hacer para mejorar una novela es trabajar en ella y no comentarla con nadie, que sólo complicará más su trabajo.

Termina comentando que cuando comenzó a escribir pensaba que era divertido, y que luego se dio cuenta que no era sólo cada libro lo que debía de cuidar, sino la obra completa, así que decidió desplazar a muchos personajes a través de su obra, en el espacio y en el tiempo. Considera que el tiempo es una condición fluida que no tiene existencia, salvo en los avatares momentáneos de las personas individuales. Lo que hubo no existe, sólo lo que hay. Si lo que hubo existiera, no habría dolor ni pena.

Adjunto
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Comments (1)

  • mariano

    mariano

    23 Mayo 2008 at 19:06 | #

    Sin duda Faulkner nos da muchas enseñanzas útiles, no sólo relacionadas con el cine y la literatura, aplicables a nuestro día a día profesional.

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