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De Luis Aragonés al 37 Congreso del PSOE

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DE LUIS ARAGONÉS AL 37 CONGRESO DEL PSOE DIVAGACIONES SOBRE EL SENTIDO DE PERTENENCIA José María Vázquez Quintana  A la mitad de nuestra pirámide de necesidades, dijo Maslow, encontramos la pertenencia. El amor y el sexo los puso ahí también, pero hoy no tocan. Los privilegiados de Know Square tenemos un informe excelente de Alejandro Formanchuk sobre el cultivo del sentido de pertenencia. Bueno, sobre un sentido de pertenencia especialmente valioso en el mundo empresarial. Pero, como cuando uno se rompe un brazo y empieza a reparar en todos los escayolados que hay, me he dado en estos días con otros sentidos de pertenencia que me tienen prendido. Luis Aragonés. Pertenencia de 1ª clase La Eurocopa me ha desenterrado un sentido de pertenencia que parecía muerto. La bota de Torres quería ser mi bota. En el fulgor de Villa estaba la habilidad que quería tener yo. La intuición de Casillas era mi propia intuición realizada. El acierto de Luis Aragonés es mío. ¡Qué bien lo hice, qué bien me salió!  ¡Qué buenos somos! Pertenezco a esa multitud que se alegró de unas hazañas que son nuestras. Una bandera, un idioma, una camiseta, un eslogan -“podemos”- me han pertenecido y yo pertenezco a esa comunidad. Me trajo alegría y sentido de mi grandeza aquella pertenencia, y pena me hubiera traído un fracaso. Pero el saldo de esa pertenencia será siempre positivo. Lo peor que puede traerme es que me quede como cuando estoy solo.  Este tipo de pertenencia potencia al individuo y prestigia a la comunidad sin someter uno a otra. Es perfecto para el individuo aislado que busca ser algo más. Para estimular este sentido de pertenencia basta mostrar la proximidad y las excelencias de quienes nos motivan. Alejandro Formanchuk. Pertenencia de 2ª clase La Naturaleza se resiste a darme gratis sus frutos. En el mercado quiero capturar las preferencias de los clientes mejor que mis competidores. Me conviene unir esfuerzos con otros.  Las capacidades de muchos movidos por la voluntad de uno: Eso es la empresa.  Pertenezco a la empresa en cuanto aporto mis capacidades, pero renuncio a mi voluntad para depositarla en quien la dirige. Así consigo que mi aportación se coordine con la de los demás, multiplicando la eficacia de nuestro conjunto respecto a lo que conseguiríamos por separado. Como individuo produzco más así que solo. Si mi retribución tiene correspondencia con mi aportación, gano como individuo perteneciendo a una empresa. Me interesa pertenecer a una empresa si las reglas de retribución son honestas. Interesa a la empresa que mi voluntad se alinee lo más perfectamente posible con los intereses del conjunto, perseguidos por la voluntad del gerente.  Si la empresa consigue más éxitos que otras me alegra pertenecer a ella con la misma alegría que me procura  una pertenencia de 1ª clase. Pero si, aún teniendo éxitos, retribuye mal mi aportación me siento perjudicado individualmente, me siento peor que si fracasa mi equipo de fútbol que no tiene que retribuirme individualmente. No está en el mismo nivel este sentido de pertenencia que el anterior. De la empresa forma parte el gerente, quien ejerce la voluntad por el conjunto. Sus motivaciones son diferentes a la de los pertenecientes de 2ª clase, como diferente es su papel en la empresa. También su sentido de pertenencia tiene que ser diferente al del resto. Creo que la fórmula que nos dio Alejandro no era especialmente apropiada para estimular el sentido de pertenencia del gerente, sino el de los demás. Y queda el propietario. Su papel puede venir unido al de trabajador y sobre todo al de gerente, pero como dueño su sentido de pertenencia es inverso: la empresa le pertenece. No hay sentido de pertenencia que estimular aquí: Los intereses del propietario son los intereses de la empresa. Esta pertenencia de 2ª clase se refiere al conjunto de personas que suspenden el ejercicio de su voluntad para moverse orientados por una voluntad ajena. Quien siente esta pertenencia puede sentirse bien compensado de aquella inhibición. Pero es con la renuncia temporal a la propia voluntad, que empequeñece al individuo, como se tiene acceso a las ventajas de esta clase de pertenencia. La pertenencia política. Pertenencia de 3ª clase Desde la comunidad de propietarios hasta la Unión Europea aparece un rango de entidades a las que uno pertenece. En todas ellas se dan los rasgos de la pertenencia empresarial, pero hay algo más. La voluntad, como en una comunidad de propietarios, puede ser la voluntad de los pertenecientes, lo que complica las cosas respecto al modelo empresarial. Además, a diferencia de la empresa, para el individuo puede ser obligada la pertenencia, como la pertenencia a una nación.  Estimular estos sentidos de pertenencia puede requerir fórmulas diferentes de las que nos regaló Alejandro, pero éstas serán también útiles, sobre todo si se acepta una cierta subordinación del individuo al conjunto.  No conozco a nadie que sepa cómo estimular la parte que tienen de especial estos sentidos de pertenencia, quizá porque en las sociedades modernas se presume que el individuo es el soberano y nadie ha escrito sobre cómo estimular el sentido de soberanía de cada uno y de todos. Me conformo con Luis Aragonés. Izquierdas y derechas. Pertenencia de 4ª clase. Ser de izquierdas o de derechas es sentir intensamente una pertenencia política en nuestros días. Un sentido tan fuertemente sentido resulta en una evidencia que parece dejar todo claro. “No sé lo que es, pero lo reconozco en cuanto lo veo” es la frase tópica que mejor define estas evidencias. Pero en cuanto lo pienso lo veo todo confuso. Discutía yo con el libro “Izquierdas y Derechas” de Norberto Bobbio, tan ensalzado que encontrarle reparos me descalifica a mí, no al libro. Encontraba un cuerpo de ideas sobre izquierdas y derechas consistente, propia de alguien experto y con capacidad, que ha pensado sobre ambas posiciones políticas, pero donde no se crea una buena base que pueda justificar un sentido de pertenencia individual.  Encontraba yo que valores que clasifica de izquierdas los tenemos todos, como todos tenemos valores de derechas. Su discurso, brillante y seductor, pero con el escaso rigor de las ciencias blandas, parece conducirnos de una forma torcida: Imagine que Ud. es de derechas, para empezar. Los valores de derechas son éstos, y vea Ud. con qué inteligente penetración los identifico. Luego en Ud., que es de derechas, se encarnan esos valores. Yo no me pronuncio sobre si son buenos o malos, dice en un alarde de neutralidad intelectual, pero así son las cosas y así son los de derechas. O los de izquierdas. El  37 Congreso del PSOE, recientemente celebrado, arrancó con una ponencia marco que me ha resultado especialmente valiosa. La identificación de la dominación como principio muy activo y nocivo para el individuo me parece esclarecedora.  Quizá la lectura reciente de los “Apuntes históricos del Concejo de Garganta de los Montes” con la que aligeraba una comprometida digestión de todo lo tentador dispuesto por mis amigas López de Uribe, me dijo cómo el 1 de enero de 1368 Enrique II concede a Pedro González de Mendoza los señoríos de Hita y Buitrago, en el que se incluía el Concejo de Garganta. Visto hoy, leídas hoy las ordenanzas promulgadas, de aquella dependencia y de los dominios sucesivos no resultó nada especialmente bueno para Garganta y sus habitantes, hasta que tales dominaciones decayeron ya recientemente. En este sentido Garganta no es sólo Garganta, ni siquiera España sólo. Tampoco las ordenanzas de entonces son las únicas capaces de instituir una dominación, ni están desterradas hoy todas sus formas. No veo una contrapartida del mismo nivel conceptual entre los documentos presentados en el XV ni en el último Congreso del PP, con quienes, sin embargo, he colaborado en algún Gobierno y en alguna preparación de ponencias y documentos para debate. Encuentro en ellos, y he hecho yo cuando me ha tocado también, propuestas mucho más instrumentales, de aquellas que omiten las ideas básicas sobre las que construir una posición, quizá porque, grave error, se dan por consabidas. Pero la ponencia marco del PSOE, al dibujar los perfiles de su juego de valores está perfilando también los criterios de valor de derechas, que resultarán ser los alternativos, los opuestos. Curioso mundo éste en el que unos dibujan la posición de los otros. Todo lo anterior se refiere al terreno de las ideas de base, en el que debería jugar muy poco el sentido de pertenencia: En religión, en arte e incluso en alguna rama prematura de la ciencia uno puede pertenecer a una idea, pero no cabe esa pertenencia en las ciencias bien asentadas ni en una convivencia política bien entendida. Se ve que nuestra convivencia está aún mal entendida, que requiere avances, y que para ello trabajan los partidos políticos.  La presencia de partidos políticos trae el sentido de pertenencia partidaria al campo de nuestra convivencia. Desde los Gracos, en lo que yo recuerdo, podemos identificarnos con unos u otros partidos tanto o más que con el conjunto de todos nosotros. Puesto que los partidos operan en juego de oposición, oposición y confrontación sembrarán entre nosotros. La forma más envilecida, pero la más efectiva y por ende la más practicada, de estimular nuestro sentido de pertenencia a un partido político consiste en excitar el desprecio por el adversario, a quien no importa presentar como enemigo de una parte de los ciudadanos. Ha resultado muy significativa la proporción de encuestados recientes que no han tenido reparo en declarar que votan a unos, no por mérito de sus propuestas, sino por rechazar a los otros.  No me gusta este sentido de pertenencia ni en lo teórico ni en lo que ha venido a dar, pero es uno de los más poderosamente vividos en nuestra vida política. Quizá alguien como Alejandro Formanchuk pueda aplicarse a definir un adecuado sentido de pertenencia política contando con los partidos políticos, y a decirnos cómo fomentarlo para bien de todos, pero yo hoy no puedo ofrecer más que mi deseo.   José María Vázquez Quintana 13 de julio de 2008

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