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El Cisne Negro (Reseña de Libro)

Libro de Nassim Nicholas Taleb, editado por Paidós. Pensemos en nuestra propia vida, y analicemos los sucesos más importantes que nos han ocurrido: ¿Cuántos se produjeron siguiendo un programa predecible? ¿Nuestro nacimiento? ¿Nuestro matrimonio? ¿La elección de nuestra profesión?... La idea central de este excelente libro es resaltar nuestra ceguera respecto a lo aleatorio, y en particular, frente a las grandes desviaciones respecto a lo "normal" y lo "esperado". El autor sostiene un pensamiento inquietante: cuantos más periódicos leemos, cuanta más información manejamos, más ciegos nos volvemos y más alimentamos el efecto túnel, en el que nos sentimos cómodos. Antes del descubrimiento de Australia, el Viejo Mundo estaba convencido de que todos los cisnes eran blancos: las pruebas empíricas lo confirmaban…hasta que apareció el primer Cisne Negro. En los últimos cincuenta años, los diez días más extremos en las Bolsas representan la mitad de los beneficios. Diez días en cincuenta años. Pese a ello, las finanzas convencionales consideran que estos saltos de un día son meras anomalías…

Un Cisne Negro, en este libro, es un suceso con tres atributos: (1) rareza, (2) que produce un impacto tremendo, y (3) que una vez ocurrido hace que inventemos explicaciones sobre su existencia, con lo que se convierte en explicable y predecible.

La lógica del Cisne Negro hace que lo que no sabemos sea más importante que lo que sabemos. Glorificamos a quienes dejaron su nombre en los libros de historia a expensas de aquellos contribuyentes de quienes la historia nada dice. Casi todo lo que se estudia en la vida se centra en lo "normal", especialmente en los métodos de inferencia de la campana de Gauss. Pero esta curva ignora las grandes desviaciones, no las puede manejar, y sin embargo nos hace confiar en que hemos domesticado la incertidumbre.

El autor llama platonicidad a nuestra tendencia a confundir el mapa con el territorio, a centrarnos en formas puras y bien definidas frente a lo abstracto o lo difuso, al deseo de dividir la realidad en piezas nítidas: es lo que nos hace pensar que entendemos más de lo que en realidad entendemos. El redil platónico es la explosiva línea divisoria donde la mentalidad platónica entra en contacto con la confusa realidad, donde la brecha entre lo que sabemos y lo que pensamos que sabemos se ensancha de forma peligrosa. Es aquí donde aparece el Cisne Negro.

En resumen, en este ensayo Taleb proclama que nuestro mundo está dominado por lo extremo, lo desconocido y lo muy improbable (según nuestros conocimientos actuales), y aún así empleamos nuestro tiempo en hablar de menudencias, centrándonos en lo conocido y en lo repetido. La distancia entre las opiniones es notablemente inferior a la distancia entre la media de las opiniones y la verdad. Esto nos conduce a la necesidad de tener que usar el extremo como punto de partida, no como una excepción que haya que esconder debajo de la alfombra.

La historia es opaca. Se ve lo que aparece, no el guión generador de la historia. Es similar a la diferencia entre la comida que vemos llegar a la mesa y el proceso que podamos observar en la cocina. La mente humana padece tres trastornos cuando entra en contacto con la historia: (1) la ilusión de comprender, (2) la distorsión retrospectiva, y (3) la valoración exagerada de la información factual. El análisis aplicado y minucioso del pasado no nos dice gran cosa sobre el espíritu de la historia, sólo nos crea la ilusión de que la comprendemos.

En general, vivimos en un entorno donde parece que ningún elemento singular cambiará de forma significativa el total. Continuamente nos tratan de encasillar: del Madrid o del Barsa, de izquierdas o de derechas, Ribera o Rioja…Sin embargo, las desigualdades a veces son tales que una única observación puede realmente influir de forma desproporcionada en el total. De hecho, unas cuantas ocurrencias han influido de forma colosal en la historia. Esa es la idea principal de este libro. Estos son los Cisnes Negros. Pero la realidad es que no estamos preparados ni formados para preverlos.

Pensemos en el pavo al que el granjero da de comer todos los días. Cada vez que lo alimenta, aquel confirmará la creencia de que la regla general de la vida es que a un pavo lo alimentan a diario unos seres del género humano porque "velan por sus intereses". La tarde del miércoles previo al día de Acción de Gracias o "Thanksgiving" al pavo le ocurrirá algo inesperado: su Cisne Negro…

Hay varios problemas que generan la ceguera ante el Cisne Negro: en primer lugar nos centramos en segmentos preseleccionados de lo conocido, y a partir de ahí generalizamos; después, nos comportamos como si el Cisne Negro no existiera; además, lo que vemos no es necesariamente todo lo que existe: es la distorsión de las pruebas silenciosas; y por último "tunelamos", es decir, nos centramos en unas fuentes bien definidas de la incertidumbre, una lista específica de Cisnes Negros.

Debido a un mecanismo mental que el autor llama empirismo ingenuo, tenemos la tendencia natural a fijarnos en los casos que confirman nuestra historia y nuestra visión del mundo: son casos siempre fáciles de encontrar. Pero ver cisnes blancos no confirma la no existencia de cisnes negros. Podemos acercarnos más a la verdad mediante ejemplos negativos, no mediante la verificación. Elaborar una regla general a partir de los hechos observados lleva a la confusión, y si no lo creen, pregúntenle al pavo…

Pero hay algunas cosas sobre la que podemos continuar siendo escépticos, y otras que con toda seguridad podemos considerar ciertas. Esto es lo que hace que las consecuencias de las observaciones sean tendenciosas. Quizás la autentica confianza en uno mismo puede que sea la capacidad de observar el mundo sin necesidad de encontrar signos que halaguen el propio ego. Y es que, en general, una vez que en la mente habita una determinada visión del mundo, se tiende a considerar sólo los casos que nos demuestran que estamos en lo cierto. Paradójicamente, cuanta más información tenemos, más justificados nos sentimos en nuestras ideas.

Taleb expone el principio de la falacia narrativa. En primer lugar, nos cuesta obtener la información; en segundo lugar, nos cuesta almacenarla, y en tercer lugar, nos cuesta manipularla y recuperarla. Cuanto más aleatoria es la información, mayor es su dimensionalidad y más nos cuesta resumirla. Cuanto más se resume, más orden se pone y menos es lo aleatorio, de ahí que la misma condición que nos hace simplificar, nos empuja a pensar que el mundo es menos aleatorio de lo que realmente es. Y el Cisne Negro es lo que excluimos en la simplificación. Contamos con demasiadas formas posibles de interpretar a nuestro favor los hechos pasados: habitualmente añadimos una causa conocida para aumentar la verosimilitud de lo ocurrido, y así hacerlo más probable. Por ejemplo, parece que el cáncer producido por el tabaco es más probable que el cáncer sin una causa determinada… Una forma de evitar los males de la falacia narrativa es favorecer la experimentación sobre la narración, la experiencia sobre la historia, el conocimiento sobre las teorías.

Otra falacia que apunta Taleb, relacionada con nuestra forma de entender los acontecimientos, es la de las pruebas silenciosas. La historia nos oculta tanto los Cisnes Negros como su capacidad de generarlos.La historia no es más que cualquier sucesión de acontecimientos vistos con el efecto de la posteridad. Pero nos afecta a todos en nuestra forma de construir muestras y reunir pruebas: es el sesgo, o diferencia entre lo que se ve y lo que hay. No tiene sentido, por tanto, leer demasiado sobre historias de éxito, porque no vemos la imagen en su totalidad. El talento de estas personas, seguramente es menos exclusivo de lo que pensamos. Y además el sesgo tiene un atributo despiadado: se puede ocultar mejor cuando su impacto es mayor.

Dedica el autor un párrafo interesante a la actitud de nuestros políticos, sean del país que sean. Cuando se produce una gran catástrofe, todos aparecen aportando soluciones y prometiendo presupuestos para paliar los daños. Pero no lo pagan ellos, sino que lo detraen del presupuesto público, es decir, lo quitan de otra partida presupuestaria. Y quizás los perjudicados fueran pacientes de una enfermedad terminal bajo estudio, que no aparecen en las noticias ni en nuestro sistema emocional, y de los que todos los días fallecen muchos más que en la catástrofe que sale en las noticias. Los gobiernos saben muy bien cómo decirnos lo que hacen, pero no lo que no hacen: se dedican a una falsa filantropía, o actividad de ayudar a los demás de forma visible y sensacionalista, sin tener en cuenta el oculto cementerio de las consecuencias invisibles.

Otro de los capítulos está dedicado al escándalo de las predicciones: ¿Por qué predecimos tanto? ¿Por qué no hablamos de la historia de nuestras predicciones? La realidad es que sobreestimamos lo que sabemos e infravaloramos la incertidumbre, comprimiendo así la variedad de posibles estados inciertos, reduciendo el espacio de lo desconocido. Digan lo que digan, merece la pena cuestionar el índice de error del procedimiento del analista, no por el procedimiento en sí, sino por su confianza. Se distinguen dos tipos: el caso suave, o la arrogancia en la presencia de cierta competencia, y el caso grave, la arrogancia mezclada con la incompetencia del traje vacio del farsante.

No podemos ignorar tampoco el autoengaño: el problema con los expertos es que no saben qué es lo que no saben, el mismo proceso que nos hace aprender, nos hace nos sintamos satisfechos con lo que sabemos. Los analistas económicos tienden a acercarse más entre sí, que al producto resultante. Lo hemos comprobado recientemente con la crisis subprime: hace ahora un año, nadie la predecía, todos los informes, el consenso de los analistas anunciaba "a voces" un crecimiento moderado, de solidez económica mundial, de exceso de liquidez. Hoy los analistas juegan al catastrofismo, y todos a la vez, porque eso les hace sentirse respaldados y parte del grupo de profesionales que se dedican a eso. Taleb dice que se apiñan como el ganado, y que si no se leyesen unos a otros, probablemente las diferencias entre sus predicciones deberían estar tan lejos unas de las otras como lo están de la realidad: pero esto no ocurre, luego las predicciones están sesgadas por la manada, por lo que no podemos fiarnos de ellas…

Los seres humanos somos víctimas de una asimetría en la percepción de los sucesos aleatorios: atribuimos nuestros éxitos a nuestras destrezas, y nuestros fracasos a sucesos externos que no controlamos. Yogi Berra, un famoso entrenador de beisbol en Norteamérica, decía que "es difícil hacer predicciones, sobre todo del futuro", y también que "el futuro no es lo que solía ser"…

Hacer previsiones sin incorporar un índice de error, revela tres falacias que son función de la incertidumbre. La primera falacia es que la variabilidad importa. La segunda la encontramos en el hecho de no tener en cuenta la degradación de la predicción a medida que el período proyectado se alarga. La tercera falacia, y quizás las más grave, se refiere a la falsa comprensión del carácter aleatorio de las variables que se predicen. Se dice a menudo que "de sabios es ver venir las cosas"… Tal vez el sabio sea quien sepa que no puede ver las cosas que están lejos.

La regresión lineal, por ejemplo, nos puede engañar más allá de lo inimaginable. Podemos ajustar la parte lineal de una curva y hablar de una elevada regresión lineal, lo que significa que nuestro modelo se adapta muy bien a los datos y presenta elevados poderes de predicción, cuando en realidad sólo ajustamos el segmento lineal de la serie. Tenemos, en fin, una tendencia natural a escuchar al experto, cuando hay campos en los que es posible que éstos no existan.

Recomendaciones

Aplicar la estrategia de la haltera, barra del levantador de pesas, que parece que el autor empleaba cuando era operador de bolsa; consiste en que si sabemos que somos vulnerables a los errores de predicción, y si aceptamos que la mayor parte de las medidas de riesgo contienen errores debido al Cisne Negro, nuestra estrategia debería ser mostrarnos tan hiperconservadores e hiperagresivos como podamos, en vez de ser medianamente agresivos o conservadores.

• Sólo los expertos que buscan y tienen un sueldo fijo recomiendan las inversiones de riesgo medio. ¿Cómo saben que es de riesgo medio? Por lo tanto, deberíamos colocar entre el 85 y el 90% de nuestro dinero en instrumentos extremadamente seguros, Letras del Tesoro, por ejemplo. Y el 10-15% restante en apuestas extremadamente especulativas lo más apalancadas posible, como las opciones, en especial carteras de capital riesgo. Estaríamos así expuestos positivamente a un Cisne Negro, ya que en el peor de los casos tendríamos el 85% de nuestros activos protegidos.

• Deberíamos establecer una distinción entre las contingencias positivas y negativas: para exponerse al Cisne Negro positivo no hace falta comprender con precisión la estructura de la incertidumbre.

No deberíamos buscar ni lo preciso ni lo local: "Hay que tener mucho cuidado si no se sabe adónde se va, porque es posible que no se llegue". No es recomendable predecir Cisnes Negros precisos.

Aprovechemos cualquier oportunidad, o cualquier cosa que parezca serlo. Hay que estar cerca de las fuentes de incertidumbre positiva, recojamos todos los billetes gratuitos que podamos. Empecemos tantos proyectos como podamos y relacionémonos con tanta gente como nos sea posible.

• Tengamos cuidado con los planes precisos de los gobiernos: dejemos que predigan, pero no nos creamos nada de lo que digan.

• Hay personas a las que, si aún no lo saben, no se lo puedes decir, pero si oímos a un prominente economista que emplea la palabra "equilibrio", "correlación", "desviaciones típicas" o "distribución normal" no discutamos con él. Limitémonos a ignorarle, salvo que nos demuestre antes que está hablando de una distribución normal…

• Incluso en este caso, hay que estar alerta porque uno siempre puede fabricar datos que confirmen que el proceso es gaussiano, buscando para ello periodos que no tengan sucesos raros. En este tipo de distribuciones hay una drástica disminución de la velocidad en las probabilidades a medida que nos apartamos del promedio.

• La idea es que para tomar una decisión tenemos que centrarnos en las consecuencias más que en la probabilidad. Todo lo que hay que hacer es exponerse poco y mitigar las consecuencias. Corremos un gran peligro, sin embargo: manejamos asuntos raros, que gestionamos como si perteneciesen a una distribución normal…

• En general, a las personas que nos encontramos mientras ascendemos, nunca nos las encontraremos cuando bajemos... Entre los operadores de bolsa puede haber príncipes, pero nadie llega a rey…

• Un loco puede definirse como alguien que razona correctamente a partir de premisas erróneas. Greenspan solía decir que prefería la opinión de un operador de bolsa que la de un matemático… En general, parece que lo que determina el sino de una teoría en la ciencia social es el contagio, no su validez.

• Disponer de muchos datos no proporciona confirmación, pero un solo ejemplo puede descartarla. Debería preocuparnos más la prometedora bolsa que las operaciones especulativas: la primera presenta unos riesgos invisibles, en cambio de las segundas ya sabemos que son volátiles.

• Deberíamos ser muy agresivos cuando podemos quedar expuestos a Cisnes Negros positivos, y muy conservadores cuando estamos bajo la amenaza de un Cisne Negro negativo.

Resistamos la tentación de correr para coger el tren…No correr demuestra, además de elegancia y estética en la conducta, sensación de ostentar el control de nuestro tiempo, nuestros planes y nuestra vida. Perder el tren sólo produce dolor al que corre para tomarlo. No ajustarse a la idea de éxito que los demás esperan de uno sólo es doloroso si eso es lo que se anda buscando.

En definitiva, tardamos muy poco en olvidar el hecho de que estar vivos es un elemento de extraordinaria buena suerte, un suceso remoto, una ocurrencia del azar de proporciones monumentales. Así que dejemos de preocuparnos de menudencias. Recordemos que somos un Cisne Negro.

Adjunto
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Comments (14)

  • mfaceytuno@gmail.com

    mfaceytuno@gmail.com

    22 Julio 2008 at 08:37 | #

    Excelente resumen, Juan. Muchas gracias. Quería preguntarte si, a lo largo del libro, el autor hace alguna referencia a Dios, en el sentido que, para los creyentes, depositar nuestra confianza en El no supone una renuncia a la búsqueda en la incertidumbre y lo aleatorio, sino todo lo contrario, ya que tratar de cumplir Su voluntad supone una constante lucha en estos campos, con la serenidad de saber que tenemos el triunfo asegurado.

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  • mariano

    mariano

    22 Julio 2008 at 08:50 | #

    Interesante pregunta, Ignacio, que nos lleva también a preguntar a Juan Fernández-Aceytuno si el trasfondo del libro no destila un halo de pesimismo.

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  • jfa@knowsquare.es

    jfa@knowsquare.es

    23 Julio 2008 at 00:21 | #

    Bueno, bueno...dos preguntas en una noche.....Yo creo que es record de Know Square... El libro, para ser sincero, no habla mucho de Dios. Hay un capítulo, el 4º de la primera parte, página 96, en el que el autor hace algunos comentarios sobre la interacción de la religión con el Cisne Negro. Menciona superficilamente a los fideístas, defensores de la ídea de confiar en la fe y no en la razón, escépticos que evitaban en la Edad Media los avances de la ciencia. Sinceramente, no es un libro que profundice en aspectos religiosos, sino que se mantiene ocupado en la crítica de los defensores y usuarios de la campana de Gauss,.. Respecto al halo de pesimismo, no lo he percibido al leerlo, quizás mi forma de escribir, de andar por casa, sesga - nunca mejor dicho - el resumen. Considero que es un buen libro, "duro y espeso" de leer, pero que suma en esto de ver los problemas desde distinto ángulos...

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  • mariano

    mariano

    24 Julio 2008 at 05:29 | #

    Muchas gracias, Juan, por tu respuesta. Un saludo.

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  • mfaceytuno@gmail.com

    mfaceytuno@gmail.com

    24 Julio 2008 at 05:35 | #

    Gracias por tu contestación, Juan. Un abrazo.

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  • rafacobo@hotmail.co.uk

    rafacobo@hotmail.co.uk

    15 Diciembre 2008 at 12:58 | #

    Excelente resumen Juan...el final me ha recordado a un comentario que me hizo en una ocasión Joaquín Llorente, el gurú de la Publicidad española durante muchos años: "un cliente es un milagro". Lo que me lleva (siguiendo también el resumen) a recomendar que la estrategias producto-mercado balanceen (aplicar el concepto 85% inversión segura, 15% de riesgo) la presencia de "exitos consolidados" (cisnes negros también!) con ejecución táctica de nuevos y multiples proyectos, , sabiendo que no hay un sólo camino "correcto", sino posibilidades de éxito...

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  • jfa@knowsquare.es

    jfa@knowsquare.es

    15 Diciembre 2008 at 23:46 | #

    Gracias Rafa. Eres el mejor director de Marketing y posicionamiento estratégico práctico que conozco, por lo que tus palabras son oro líquido para Know Square. Si tienes tiempo deberías escribirnos algo, y compartir esa experiencia y saber hacer que llevas dentro. Algunos teóricos todavía creen que saben algo..Know Square, en cambio, creo que busca el conocimiento pero bajo el ángulo de la experiencia real.. Y de eso sabes latín...Vamos!

    Un fuerte abrazo,

    Juan

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  • fernando.gaston@improva-opi.com

    fernando.gaston@improva-opi.com

    03 Enero 2009 at 08:27 | #

    Hola JUan, estoy de acuerdo con que es un libro duro, pero es realmente profundo e inspirador. Me ha gustado el tonillo de desprecio que destila el libro hacia los ejecutivos de empresa. Ataca frontalmente a su falta de humildad y exceso de autocomplacencia en epoca de vacas gordas y su tendencia al autoengaño en época de vacas flacas. No es un libro pensado para vender libros a ejecutivos y eso es lo que le hace ser fresco y valiente, Nassim Taleb dice lo que realmente piensa con dureza e independencia. Creo que los directivos españoles necesitan textos como estos, profundos que inviten a una reflexión seria.
    La verdad es que yo estoy un poco harto de ratones que roban queso y ñoñerías similares que atestan las tiendas de los aeropuertos. Es como si los ingenieros del CERN leyesen, para inspirarse en la búsqueda de las partícula sperdidas, el Libro Gordo de Petete.

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  • jfa@knowsquare.es

    jfa@knowsquare.es

    04 Enero 2009 at 12:46 | #

    Totalmente de acuerdo, de hecho es uno de nuestros 10 favoritos del año...Buenísimo lo de los Aeropuertos...Ayer un lector avezado me decía que el libro estaba de alguna forma ya "muy visto"... Mi percepción sin embargo es que hay mucha gente que ha oido hablar de él, pero pocos lo han leído completo...Esperamos que este resumen les haya animado a algunos...En general, el nivel de lectura de los directivos españoles es mínimo...No sé que podríamos hacer por activarles ese chip, pero se está gestando una promoción acomodaticia que a largo plazo no puede traer nada bueno...creo...

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  • Isidoro

    Isidoro

    10 Mayo 2012 at 09:44 | #

    Por la reseña que has hecho y el clip final de Punset, deduzco que se trata de un libro sumamente interesante, aunque más que el libro (que aún no he leído)son las ideas que de él se obtienen. La metáfora del cisne negro es altamente didáctica para que nos concienciemos (o empecemos a concienciarnos)de la cantidad de cosas que no sabemos y especialmente de las que ni siquiera sabemos que no sabemos.
    Muchas gracias, Juan, por haberlo seleccionado, leído, resumido y publicado.

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  • Jesús Lucendo Hernán

    Jesús Lucendo Hernán

    05 Agosto 2013 at 08:13 | #

    El autor nos habla del exceso de información como algo que nos lleva a la ceguera, dado el carácter de la misma de intentar "normalizar" todos los sucesos de la vida. Con ello, en la lectura de libros de management, puede que ocurra lo mismo y, a su vez, puede que, como directivos, empresarios o profesionales, nos lleve a ser poco imaginativos y predecibles. Vamos, que igual lo mejor que nos puede pasar, a la hora de elegir un libro, es que tengamos la suerte de que el libro que elijamos sea, casual e inesperadamente, un Cisne Negro o, de lo contrario, poco nuevo nos va a aportar.

    Dicho quede que no estoy diciendo que la lectura es innecesaria, tan sólo me limito a aplicar lo que he entendido sobre la teoría de "El Cisne Negro" al respecto. Buen verano a todos.

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  • Miguel Rivas

    Miguel Rivas

    04 Septiembre 2013 at 10:16 | #

    Gracias Juan x facilitar la comprensión del libro de Taleb. Tal vez, el que le sigue: ANTIFRAGILE ayude mejor a diseccionar la aportación que nos quiere hacer el antiguo operador libanés de Wall Street. Copio link el debate que tuvo en Columbia con el primer psicólogo que ganó un Nobel de Economía en 2002: Prof. Kahneman: http://www.youtube.com/watch?v=MMBclvY_EMA. Un abrazo,

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  • Juan Fernández-Aceytuno

    Juan Fernández-Aceytuno

    04 Septiembre 2013 at 18:30 | #

    Muchas gracias Miguel, seguiremos las recomendaciones que nos haces. Un fuerte abrazo, Juan

    reply

  • Maite Inglés y García de la Calera

    Maite Inglés y García de la Calera

    09 Agosto 2014 at 10:53 | #

    ¡Guau, Juan, magnífico artículo! Súper claro, conciso y comprensible.

    Creo que me ha ahorrado el leerme el libro, lo miraba de reojo sin atreverme a meterle el diente :-)

    Muchísimas gracias y feliz verano,

    Maite Inglés

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