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El poder de las minorías (Artículo)

19 de abril de 2009. Una reportera de un canal generalista de ámbito nacional informa en directo desde una pequeña localidad de la provincia de Guadalajara para el noticiario del mediodía. Unas 2000 personas convocadas por varias organizaciones diversas se manifiestan contra la instalación de un nuevo depósito subterráneo de residuos nucleares. La reportera pertenece a esa nueva oleada de intrépidos periodistas con limitada capacidad verbal y aun más limitada capacidad de análisis y reflexión. S...

19 de abril de 2009. Una reportera de un canal generalista de ámbito nacional informa en directo desde una pequeña localidad de la provincia de Guadalajara para el noticiario del mediodía. Unas 2000 personas convocadas por varias organizaciones diversas se manifiestan contra la instalación de un nuevo depósito subterráneo de residuos nucleares. La reportera pertenece a esa nueva oleada de intrépidos periodistas con limitada capacidad verbal y aun más limitada capacidad de análisis y reflexión. Son bustos parlantes enviados a cubrir noticias que en muchos casos no lo son, y a las que no añaden ni un segundo de reflexión, o análisis de contexto. Una noticia sin contexto es en el mejor de los casos una media noticia, en la mayoría de los casos contribuye a desinformar.

En el caso que nos ocupa, el agraciado busto parlante ofrece la información con la siguiente introducción: "Esta manifestación demuestra una vez más la oposición de la sociedad española a la energía nuclear", y luego continúa hablando de los 2000 asistentes, cita las numerosas organizaciones ecologistas, antinucleares y cívicas organizadoras del evento y entrevista a alguno de los asistentes. Uno de ellos hace el siguiente apasionado e incendiario llamamiento en contra de la energía nuclear que seguro que ha arrastrado a los pocos indecisos que pudieran quedar todavía en España: "La energía nuclear es muy mala, muy mala". Literal. Por supuesto el editor jefe recogió tan trascendentes declaraciones en el corte de máxima audiencia, como no podía ser menos.

La iniciativa que pretendían frenar no era la construcción de una nueva central nuclear, sino la instalación de un depósito subterráneo de residuos nucleares procedentes de centrales en producción, que hasta ahora se almacenan en cámaras en las mismas centrales. Evidentemente, y una vez que tales residuos ya han sido generados, suponen un mayor peligro en esas condiciones que enterradas a varias decenas de metros de profundidad en sarcófagos de plomo y cemento. Pero ese no es el análisis de los entusiastas manifestantes ni de la asimismo entusiasta reportera: ellos están aquí para demostrar la oposición de la sociedad española a la energía nuclear y para dar cumplida información (o constatación) de la misma.

El día anterior o el día siguiente en otra localidad, en este caso de Aragón. Unos 1000 manifestantes recorren las calles protestando contra los cultivos transgénicos en general y pidiendo su prohibición. Y otros reporteros constatan fehacientemente como la sociedad española es unánimemente contraria a los alimentos procedentes de plantas modificadas genéticamente. Sin contexto y sin análisis.

No pretendo ni defender ni atacar las diferentes posiciones sobre estos asuntos. Son temas muy complejos que requerirían más espacio y tiempo como expongo y defiendo más adelante. Por otro lado respeto cualquier postura al respecto como es lógico, cuando esta argumentada y fundamentada en un mínimo de información y análisis.

Mi tiro se dirige precisamente contra esa falta de rigor y análisis que lleva a los bustos parlantes a dar por sentada la opinión de la sociedad española en los dos ejemplos anteriores. Y mi tiro se dirige a ilustrar el problema de creación y valoración de estados de opinión ante temas tan complejos como los enunciados.

Veamos la primera diana. La intrépida reportera da por supuesto que lo que ella ve y de lo que informa es representativo del sentir mayoritario de la sociedad española. Y lo hace sin la menor sombra de duda. A lo mejor podría haberse hecho una serie de preguntas como las siguientes:

• ¿Son 2000 personas suficientemente representativas del conjunto de una sociedad de 46 millones?

• Las organizaciones convocantes, si son tantas, ¿cómo es que solo reúnen a 2000? y si sólo reúnen a 2000, ¿son realmente representativas de un sentir mayoritario?

• ¿La oposición a un depósito significa oposición a todo lo referente a la energía nuclear?, es decir, ¿la oposición a una parte significa oposición al todo? ¿No hay lugar para opiniones y posturas matizadas?

• ¿Qué piensan los que no están en la manifestación y apoyan la construcción del depósito, en el Ministerio de Industria, en el Ayuntamiento o en el Gobierno Regional? ¿Qué piensan los empleados de la empresa que va a construir el depósito? ¿Cuántos puestos de trabajo directos e indirectos se van a generar si el depósito ve la luz y finalmente se construye? Es decir, ¿hay una situación de riesgo/beneficio que conviene valorar?

• ¿Qué opiniones a favor y en contra hay sobre las indicaciones y recomendaciones de las Agencias española e internacional de la Energía Nuclear de enterrar los residuos en condiciones seguras o mantener los residuos ya generados (y que se van a seguir generando mientras las centrales nucleares sigan operando) en cámaras en superficie?

• ¿Cuál es la práctica común en otros países? ¿Cómo se gestionan los residuos en otros casos?

• ¿Cuál es la opinión y estado de la ciencia en esta materia?

Y seguramente otras muchas, que hubieran dado contexto a la información. Si el busto parlante, o el editor que la dirigió, se hubieran hecho esas y otras preguntas entonces hubieran ilustrado un problema, un dilema que requiere un debate serio y profundo como es la estrategia energética de España, el papel de la energía nuclear en esa estrategia y las diferentes posturas respecto a los residuos nucleares pasados, presentes y futuros. Un debate que requeriría de más expertos que los asistentes a la manifestación y que no se puede zanjar en una soleada mañana de domingo, sino que requiere del concurso de administraciones, universidades, partidos políticos, expertos industriales, empresas y consumidores y por supuesto la sociedad civil a través de sus mecanismos de expresión de la opinión y voluntad, entre los que se deberían incluir las asociaciones como las convocantes y otras y desde luego el voto libre y consciente otorgado en elecciones democráticas a partidos políticos que expresan claramente en sus programas e idearios políticos una postura definida ante el tema.

Un debate que se nos está hurtando a los ciudadanos y que la intrépida busto parlante y su editor/a jefe nos escamotea, porque lo que ellos ven y sienten expresa, en ausencia de contexto, análisis y rigor critico de lo que siente la mayoría de la sociedad española, y ya está, y pasemos a otro asunto: La liga está que arde, ¿quién ganará este año? ¡Debatamos sobre eso!

El segundo problema, es aun más difícil y peliagudo. Se refiere a la forma en que se crean estados de opinión y de cómo se interpreta la opinión pública. Doctores tiene la sociología y las ciencias de la información como para que yo me vaya a meter en materias tan complejas. Pero si me interesa reseñar un aspecto que como ciudadano me preocupa y sobre el que tengo derecho de opinar.

En asuntos complejos como los dos ejemplos citados, la energía nuclear y los cultivos transgénicos puede haber un gradiente de posiciones desde los fanáticamente en contra de cualquier innovación (por razones de la historia reciente pero carente de toda lógica, llamados así mismos progresistas) y hasta los fervientes partidarios a ultranza de cualquier desarrollo industrial (por las mismas razones y con la misma falta de lógica conocidos como conservadores, también ultraconservadores, neocons…) pasando por un amplio abanico de posiciones más moderadas, matizadas, centradas, y por supuesto una gran mayoría que no conoce el asunto, no tiene formada la opinión y se beneficiaria del amplio debate social que se le hurta.

Aquellos que tienen una opinión clara y radical, en un sentido o en otro, no tienen problema en manifestar esa opinión (valga el juego de palabras) en manifestaciones o actos públicos, especialmente aquellos que se oponen. Los radicalmente a favor tampoco son tímidos a la hora de expresar su opinión y si bien no suelen ser del tipo de manifestaciones los domingos por la mañana, tienen otros cauces de expresión igualmente eficaces, aunque menos ruidosos, ya que suelen encontrar apoyo rápidamente en determinados sectores empresariales y económicos, vía lobbies, expertos a sueldo y otro tipo de acciones a nivel político.

Pero ambos grupos no quieren un debate amplio y profundo, que sí demanda la gran mayoría silente, o sino demanda, al menos sí se beneficiaria de ello. Asimismo aquellos ciudadanos que tienen opiniones matizadas que difieren de ambos extremos no suelen ser del tipo de manifestación: las opiniones matizadas son difíciles de resumir en un eslogan de pancarta y megáfono. Imaginaos una manifestación detrás de una pancarta que rece algo así como "Sí a los cultivos transgénicos para usos industriales y de alimentación animal pero sólo si cumplen los requisitos de mejora de productividad frente a variedades naturales y tras un periodo de prueba y ensayos de 5 años!"

En definitiva, la gran mayoría de la opinión pública no radical necesitaría de un amplio debate social sobre temas complejos, que permitiera el análisis de los pros y contras y resultara en diferentes opciones y un gradiente de opiniones matizadas. En España ese debate no se produce por desidia, desinterés o ineficacia de los poderes públicos, las administraciones, los partidos políticos y por la ausencia de una sociedad civil fuerte. En cambio, los radicales con posturas extremas se manifiestan y hacen oír sus opiniones sin matices a favor o en contra, de una manera u otra.

El riesgo es evidente. Nuestra intrépida reportera, que no ha sido educada ni dirigida a cuestionar la realidad aparente, no ve por tanto otra expresión de opinión pública que la de los radicales, de uno y otro bando, por lo que inmediatamente se convierte en un asunto ideológico, y por tanto de acto de fe. No hay debate en estos asuntos. Lo que se ve es lo que hay y debe haber. Así que a la gran mayoría silente, la de las opiniones matizadas, no sólo se la escamotea el debate, sino también el reconocimiento de la existencia de su opinión misma.

La sociedad actual se enfrenta ante numerosos asuntos de gran calado sobre los que hay que adoptar acciones, desarrollar legislación y pautas y adoptar posiciones de principio. Esos grandes temas, los enunciados de la energía y los cultivos transgénicos son un ejemplo a los que habría que añadir la investigación y desarrollos con células madre, el aborto, la inmigración, la solidaridad en la lucha contra la pobreza, el medio ambiente y el cambio climático, etc. son enormemente complejos porque se derivan en implicaciones no solo técnicas, sino en muchos casos éticas y propias de la moral individual.

Los ciudadanos libres debemos reclamar el derecho a debatirlos abiertamente, sin posturas previas sobre lo que es políticamente correcto, para uno u otro bando. Es nuestro derecho pero es también nuestra responsabilidad social individual reclamar ese gran debate, en beneficio no sólo de nuestra sociedad actual, sino también de las generaciones futuras, ya que muchas de las decisiones que adoptemos sobre estos temas son de largo alcance. No dejemos que nos escamoteen nuestro derecho a tener ideas propias. Y no dejemos que estas sean ignoradas.

Adjunto
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Comments (1)

  • Anonymous

    Anonymous

    08 Mayo 2009 at 13:33 | #

    Enhorabuena Angel por tu articulo
    Estoy rotundamente de acuerdo contigo, sobre todo en un momento como el actual, donde los monopolios energéticos pueden paralizar un pais, como se ha demostrado con Rusia y Ucrania este mismo invierno, siendo la energía nuclear una alternativa que sin duda proporciona cierta autonomía y como cualquier otra tendrá pros y contras, que sin duda se deben estudiar y salir del "borreguismo" de las minorías

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