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El liderazgo al estilo de los Jesuitas (Reseña de Libro)

Título completo "El liderazgo al estilo de los Jesuitas. Las mejores prácticas de una compañía de 450 años que cambió el mundo". Traducción de Jorge Cárdenas. Verticales de bolsillo Management. 1998. 300 páginas. Su autor, Chris Lowney abandonó la Compañía de Jesús un viernes de 1983 y comenzó a trabajar en JPMorgan el lunes siguiente. Tras 17 años en el banco de inversión norteamericano, ahora es consultor de la Catholic Medical Mission Board. Este libro analiza los principios de liderazgo que han guiado desde el año 1540 a esta Orden y a sus múltiples actividades.

Una organización fundada hace 469 años por un puñado de amigos prácticamente sin preparación, sin capital y sin ningún plan de negocio. Por no tener, no tenían ni nombre para su proyecto. Pero en poco menos de una generación esa organización era la Orden religiosa más importante del mundo, con presencia en todos los continentes.

Lowney describe los principios que fueron decisivos para el éxito de los jesuitas y que definen su estilo de liderazgo. Y que, por tanto, pueden ser aplicados por cualquier empresa. Por ejemplo, el conocimiento: "Reunir un personal multinacional, dirigir atravesando las fronteras, idear, hacer circular incansablemente las mejores prácticas y diferenciarse de los competidores mediante el compromiso de entregar un producto de calidad total".

Los Ejercicios Espirituales, basados en la vía que siguió el fundador, Ignacio de Loyola, hacia el liderazgo personal efectivo: "Loyola atrajo a algunos de los mejores talentos de Europa no por su inteligencia superior y sus notables realizaciones, ni con un fascinante plan de negocios, ni con ningún plan, realmente. Su gran atractivo estaba en su habilidad para ayudar a los demás a hacerse líderes. Su manera de dirigir a sus compañeros fundadores sirvió de modelo a la Compañía: todos tienen potencial de liderazgo y los verdaderos líderes abren ese potencial a los demás", escribe Lowney.

El heroísmo, medido no por la escala de oportunidades que se les presentaban a los jesuitas, sino por la calidad de su respuesta a ellas. Loyola exhortaba a sus seguidores a "concebir grandes resoluciones y provocar deseos igualmente grandes". Como describe el autor de esta obra, "los líderes heroicos no esperan hasta que llega el gran momento: se lanzan a captar la oportunidad que está a su alcance y extraen de ella la mayor riqueza posible".

Otro principio del liderazgo al estilo jesuita, es el ingenio, porque predispone a las personas no sólo a pensar de una manera original sino a vivir de una manera original. El ingenio lleva a las personas que quieren ser líderes a arrancar de raíz todo temor a lo desconocido. el apego a su posición y a sus posesiones, materiales y sobre todo ideológicas, los prejuicios, la aversión al riesgo. Es lo que Loyola denominaba como "vivir con un pie levantado".

El amor comunica propósito y pasión al ingenio y al heroísmo, dos de los principios ya mencionados del liderazgo al estilo jesuita. Eso se traduce en la convicción de que cada persona da lo mejor de sí misma cuando trabaja para otras que ofrecen un apoyo y un afecto verdadero.

Finalmente, el conocimiento de uno mismo, clave en los Ejercicios Espirituales, el arma secreta de los jesuitas, arraiga y nutre las demás virtudes del liderazgo. Porque el que descubre realmente quién es, qué quiere, qué defiende y hacia dónde va ya ha dado el primer paso hacia el liderazgo.

Pero lo más importante es que el conocimiento de sí mismo no es un proyecto de una sola vez, es permanente. Además de la evaluación inicial que uno debe hacer de sus fortalezas y debilidades, valores y defectos, está el examen de conciencia, el hábito diario de la reflexión. "Es una oportunidad de medir la vida, aspecto por aspecto, a la luz de los principios y las metas", escribe Chris Lowney. Supone preguntarse si se ha aplicado al trabajo de hoy imaginación o se ha contentado con hacerlo sólo para salir del paso.

"El examen de conciencia parte del supuesto de que hasta los líderes cometen errores, de que podemos aprender de ellos y de que cada uno tiene una capacidad ilimitada de crecer y desarrollarse", reflexiona el autor de esta obra.

Y añade que "aunque el concepto de íntima reflexión pueda sugerir la idea de aislamiento del mundo, quienes la practican debidamente encuentran que los capacita mejor para actuar en él con energía". Eso que los primeros jesuitas llamaron "simul in actione contemplativus". Para los que no sepan latín, "contemplativos en la acción".

El liderazgo al estilo jesuita, o "heroico" como ellos prefieren calificarlo, invita a cada uno a evaluar su impacto diario, a rectificar si es necesario y a definir qué es lo que se quiere dejar como impronta. Invita también a transformar un liderazgo casual por un liderazgo deliberado de cada uno y de los demás. "Nuestros actos pueden influir profundamente no sólo en el momento presente, sino en el futuro como un modelo para los próximos maestros, padres de familia, empleados y gerentes", explica Lowney.

Ningún instrumento de liderazgo es tan eficaz como el ejemplo de la propia vida del líder. Lo que él es. Lo que él hace. Qué principios se reflejan en sus actos. Cómo concuerda lo que hace con lo que dice.

Quien quiera que su equipo actúe "heroicamente", ha de ser él mismo un héroe. Si quiere que sus empleados se apoyen unos a otros, apóyelos con el estímulo, con la lealtad. Y todos juntos, "correr a toda velocidad hacia la perfección". Uno de los mandatos de Ignacio de Loyola.

Finalmente, el liderazgo al estilo jesuita exige dejar de actuar como si estuviera dirigiendo a seguidores y empezar a actuar como líderes de líderes, hacer lo que ayuda a otros a liderar. Y para ello, "quamplurimi et quam aptissimi". Buscar "tantos como sea posible y los más aptos de todos". Porque el talento bien desarrollado es lo que impulsa el éxito de un proyecto.

Como señala la guía para directores de ejercicios espirituales, "es una lección de la experiencia que todos los hombres se deleitan y se entusiasman más con lo que ellos mismos descubren, por tanto, bastará con señalar como con el dedo la veta en la mina y dejar que cada uno cave por sí mismo".

Adjunto
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