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España y la Crisis (Artículo)

Las recientes previsiones de la OCDE para 2009 presentan un panorama poco alentador para la economía mundial y un deterioro algo menor para el 2010. En el caso concreto de la economía española lo preocupante no es tanto las cifras de decrecimiento del producto, que se encuentra en línea con la media de los países desarrollados, sino el vertiginoso deterioro del empleo tanto por el ritmo de destrucción del mismo como por el nivel alcanzado en la tasa de paro. Es cierto que todas las mediciones son discutibles, tanto las metodologías generalmente aceptadas para valorar el crecimiento del producto como aquellas destinadas a comparar entre países si una persona está realmente en el paro, buscando activamente empleo, o tiene un subempleo más que un empleo.

Pero independientemente de ello, si nos dejamos guiar relativamente por estas cifras podemos llegar a la conclusión que la economía española se ha visto más que sensiblemente afectada por la crisis internacional, conformando por desgracia el grupo de países más afectados por la misma. De hecho, la comisión europea considera que España "podría ser el último estado europeo en salir de la crisis"
Existe un consenso generalizado entre los economistas sobre el papel del sector inmobiliario y la construcción como motor del crecimiento económico y del empleo en España en este último ciclo. Ello no está tan alejado del boom inmobiliario vivido en gran parte de las principales economías desarrolladas.

No obstante, cabe distinguir dos particularidades del caso español: En primer lugar la dimensión que ha adquirido el sector y servicios relacionados con el mismo si lo comparamos proporcionalmente con otras economías desarrolladas. Y en segundo lugar la eficaz labor del Banco de España al limitar el riesgo que podían asumir las entidades en España en la adquisición de titulizaciones hipotecarias. Este segundo elemento explica en cierta medida cómo entidades financieras de otros países que no han vivido un verdadero boom en el sector inmobiliario se hayan visto seriamente afectados por la crisis internacional en el sector.

El vertiginoso crecimiento de la tasa de paro en España se explica en gran medida por el primero de los elementos mencionados, es decir la dimensión considerable respecto al resto de la economía que adquirió el sector inmobiliario y servicios afines. En este sentido, no sólo debemos considerar el despido directo en el sector de la construcción y el de promoción inmobiliaria, sino todos los servicios vinculados a éste: oficinas bancarias, financieras, tasadoras, notarías, etc. que vivieron y se abultaron en los últimos años gracias al mismo.

En España se suele decir que "cuando el ladrillo va bien, todo lo demás va bien" y esto es así aquí no sólo ahora sino desde hace varias décadas atrás. Posiblemente lo característico del momento actual es que tanta gente se haya orientado a la búsqueda de rentas extraordinarias que ofrecía el sector. Otro elemento no menos importante a la hora de entender el aumento considerable del paro en España es la proporción de empleados temporales respecto al total, la más elevada dentro de países de la UE. En España antes de desatarse la crisis se situaba en un 30% del total mientras que la media de la UE no alcanzaba el 15%.

Nadie puede negar los beneficios que ha significado para España la entrada a la Unión Europea (UE) y el formar parte de una Unión Monetaria (UME). Aunque ello también posibilitó unas condiciones financieras más ajustadas al entorno internacional propiciando los actuales desajustes en la estructura productiva.

No debemos olvidar que la economía española ha vivido en los últimos años muy por encima de sus posibilidades, con preocupantes déficit por cuenta corriente que llegaron a alcanzar niveles por encima del 10% del PIB financiados básicamente por entrada de capitales de corto plazo que invertían en títulos de renta variable o fija. Obviamente estos desajustes se irán corrigiendo en la actual crisis a través de la caída del consumo y las importaciones.

La cuestión de fondo, sin embargo, es cómo en el corto plazo ante la falta de flexibilidad que están presentando los precios como mecanismo de ajuste (pesimismo sobre la elasticidades) la economía podrá retornar a una senda de crecimiento y equilibrio presupuestario (fiscal). La dependencia cambiaría de España respecto a otras economías del entorno, que se encuentran en una situación económica distinta, imposibilitan un mecanismo de ajuste más inmediato aunque también más controvertido. Con sus males y bienes, la política cambiaria ajustaría hipotéticamente la estructura genérica de precios y costes a una posición más adecuada a la situación económica internacional, afectando también la posición acreedora-deudora de la economía.

No queremos indicar con esto que España debería salirse del Euro, ni tampoco las miserias que conlleva una continua política artificial de movimiento del tipo de cambio, sino precisamente concluir que al parecer y sobretodo en el caso español el proceso de ajuste será lento y doloroso.

En definitiva, si bien la economía española ha sabido aprovechar su incorporación a Europa en las últimas décadas, hechos que se han reflejado en las mejores condiciones de vida de su población, en que cuenta con un sistema de infraestructuras y servicios públicos envidiables para varios países desarrollados, que ha dado varios ejemplos de éxito y prestigio empresarial a nivel internacional y de internacionalización y diversificación en las áreas de negocios de sus empresas, por citar algunos hechos, no obstante, la crisis actual no es una crisis pasajera sino que puede prolongarse de forma preocupante en el tiempo y una eventual salida de la misma no implica que la economía salga reforzada de la misma.

Los debates estructurales subyacentes son importantes a medio y largo plazo, pero no habrá magia, ni España se dedicará a algo muy distinto de lo que viene haciendo actualmente. Seguirán habiendo casos puntuales de desarrollos tecnológicos o en procesos que se destacarán a nivel internacional. Pero lo importante es que habremos aprendido una lección al menos por algún tiempo, que la economía puede dedicarse sensatamente "al ladrillo" pero no todos ni todo el tiempo podemos enriquecernos fácilmente por esta vía.

Adjunto
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