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¿Redes Sociales o Redes de Conocimiento? (Artículo)

Cuando me hablan de la Web 2.0, la verdad es que inicialmente suelo prestar atenc...

Cuando me hablan de la Web 2.0, la verdad es que inicialmente suelo prestar atención; sin embargo, lo más normal es que, como estrella fugaz, pronto la energía inicial del mensaje desaparezca. La simplificación casi siempre adquiere tintes de discusión de "guardería" y acabo desconectando, en particular cuando doy con personas que lo reducen todo a un "yo gano, yo no pago, y tú me aportas la diferencia"… Me recuerda a las conversaciones que tenía hace años con mis hijos, cuando trataba de explicarles que el problema de bajar contenidos gratuitos de internet -pasando por encima de los derechos de autor- no era sólo un problema ético, legal, o de educación general y básica, sino que lo que me preocupaba realmente es que les podría crear la ilusión de vivir en un mundo virtual, un mundo "Mátrix", dónde tuviesen la impresión de que las cosas no costasen dinero, donde andar por las calles parecería gratis, donde la inmediatez, el placer instantáneo y la falta de esfuerzo fuera irrelevante, porque obtendrían lo que quisieran, gratis, y todo a un golpe de click… Sólo a un click. ¿Y cuál es el siguiente paso en una sociedad que lo adquiere todo gratis? Pues yo creo que sólo hay un paso: la desaparición.

Los modelos de Redes de Conocimiento, sin embargo, creo que constituyen un nivel superior de relación, y que a largo plazo tendrán un futuro más prometedor, fiable, sensato y enriquecedor, frente a otras "redes" que lo único que hacen es fomentar el coleccionar contactos, como si el +500 fuese una carta de presentación que aportase algo diferencial. Cualquier persona con cierta responsabilidad directiva tiene acceso a una base de datos de más de 2,000 direcciones de email y podría inundar su LinkedIn, o similar -en cuestión de minutos- con personas a las que ni conoce realmente, ni seguramente entiende. Serían redes de contactos, directorios que aspirasen a llamarse redes sociales, pero que realmente no lo serían. Incluso aquellos que las defienden y creen que han llegado a alguien o a algo gracias a la red, pronto se dan de bruces con la realidad, al descubrir que, antes o después, deberán dar la cara y enfrentarse a ellos mismos, a defender una oferta, un proyecto, una idea. Y ahí, de poco servirá el +500…

Los principios básicos de progreso de la sociedad no han cambiado, ni cambiarán en muchos años. Sin esfuerzo, sin estudio, sin trabajo, sin asumir riesgos, sin emprender, sin innovar, sin compartir, sin tratar de entender al otro, no hay mucho que hacer. No veo nada de eso en una red social estándar. Veo las redes sociales actuales como un internauta avezado observa hoy el eMule: un medio para conseguir algo, inmediato, pasando por encima de quien haga falta.

Mi visión se encuadra más hacia otro tipo de proyectos; intento enfocar mi atención hacia las Redes de Conocimiento, entendidas como una dualidad en la acepción de la palabra "conocimiento", pero que transita por planos complementarios. En primer lugar el conocimiento de las personas, el entender que formas parte de un grupo, del que quizás no conoces a todos sus integrantes, pero con los que sabes que compartes valores y principios básicos. En segundo lugar, en el plano en el que estas personas comparten conocimiento entre ellos, conocimiento entendido como experiencia, información, algo que les ha sido útil y quieren compartir con el resto, conocimiento entendido como valor.

Y es precisamente ésta dualidad, esta relación entre los dos planos de conocimiento, lo que hace que una Red de Conocimiento pueda jugar un papel como elemento complementario a la educación, a la formación y a la experiencia de los profesionales que hoy en día ocupamos puestos de responsabilidad. No sólo queremos saber que compartimos una base de datos de personas, sino que somos capaces de dar un paso más allá y trasegar experiencias, fracasos y éxitos, conocimiento en suma.

El profesor del IESE, Luis Manuel Calleja, nos enseñó la palabra "Koinonía", entendida como la relación que existe entre las personas que han negociado algo y que deciden ir en común, en pos de un objetivo compartido. La koinonía es previa a la amistad: de hecho no es necesaria la amistad para fundar una empresa entre dos personas, pero si se requiere la confianza y la afabilidad, y a ambas es a lo que responde este término. Nos explicaba también que se aprende a desconfiar, no a confiar, y que ya Robert Spaemann decía que cuando confiabas, te volvías inexorablemente vulnerable. Pues bien, una Red de Conocimiento atiende al espíritu de la koinonía: no son amigos necesariamente los que lo forman, pero si existe entre ellos confianza y afabilidad, y además están de acuerdo en una meta común, y se ponen a trabajar en esa dirección. Además, los participantes en esta Red de Conocimiento se agradecen mutuamente los trabajos y la experiencia aportados, ya que todos saben que de esa forma llegarán, cuando menos antes, al fin común propuesto por el colectivo.

Sin embargo las ventajas de las Redes de Conocimiento no acaban ahí. Seríamos algo torpes, incluso intelectualmente ciegos, si nos quedásemos con la visión de personas que se contentan simplemente con conocerse e intercambiar conocimientos y experiencia. Es verdad que no es poco, pero la auténtica noticia es que, una vez que este objetivo se ha cumplido, viene la parte más interesante, que es el emprendimiento, el ir a por nuevos proyectos de forma conjunta, el poner ese conocimiento en acción y crear empresas, puestos de trabajo y riqueza para tu país.

El tiempo en nuestras vidas es ciertamente limitado. Filtremos las entradas a nuestro entorno con estas herramientas, parémonos un instante y analicemos si los proyectos en los que estamos trabajando cumplen estos requisitos básicos, si son ideas que se quedarán y sumarán, o serán en cambio meros cometas, estrellas fugaces a las que nadie prestará atención, de las que ni siquiera se acordarán mañana.

 

Adjunto
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