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El Gran Empujón (Nota Técnica)

No hay más remedio que felicitar al autor, J.F. Pérez-Orive, por los acertados y profusos consejos que facilita al joven inquieto que no sabe qué hacer cuando comienza su madurez y se pregunta con frecuencia a si mismo: ¿debo independizarme ya..? ¿valgo para integrarme en el mundo de los negocios...? o ¿soy un mandao..?


La lectura de "El gran empujón" es una positiva experiencia que no puede faltar en la mesilla de noche de un hombre o mujer que se encuentra en alguna de estas circunstancias:

• Cuando está acabando el bachiller o estudios superiores y está a punto de emanciparse y abandonar la casa de sus padres o de iniciar un trabajo sin apoyo paternal.
• Cuando, una vez obtenido un aceptable medio de vida, quiere a toda costa conservarlo.
• Cuando una vez alcanzado ese nivel ,desea prosperar rápidamente.
• Y por último, es lo que puede hacer cuando se le acaba la gasolina y pasa a engrosar las filas del "paro"…

Pérez-Orive comienza su proyecto informando al joven lector del campo de batalla en el que ha de lidiar su porvenir y le pone al corriente de la "globalización", el nuevo orden mundial, los cambios demográficos y los problemas que trae consigo la larga longevidad.

En nuestra sociedad, el Estado español pocas veces se preocupó en el siglo XX de dar el "gran empujón" que colaborara en el futuro de la juventud. No le otorguemos ese galardón a las becas, ni a los Erasmus, ni a las ONGs, que paga el contribuyente, ni a otras ayudas académicas de la sociedad moderna, por no ser decisorias para alcanzar el éxito que los jóvenes quieren y al que se opone con acoso insistente el sexo, el botellón y las drogas.

Los inquietos padres pudientes de esta España, se empeñaron –nunca mejor dicho- en que sus hijos estudiaran inglés en Boston o en Irlanda como solución de su incierto futuro. Y no digamos las escasas o nulas facilidades que dieron los gobiernos en estos años a los llamados discapacitados, para acceder a estudios medios y superiores, ni tampoco disponer de rampas con escaso declive para alcanzar sentado en la silla rodante – que es su sostén de vida- los primeros peldaños de la Universidad.

Hay una excepción que a mí me honra y que me permito exponer con modestia: la mili. A pesar de su mala e injustificada fama, fue el ejército el que consiguió en muchos casos hacer madurar a los jóvenes, lejos de las faldas de sus madres y contemplar con preocupación por primera vez el mundo que se le venía encima. Incluso, entre los años 60 a 80 preparó con entera dedicación los Cursos desarrollados en los cuarteles y escuelas de Promoción profesional, para la España emprendedora de esos años, de especialistas mecánicos, conductores de vehículos pesados, electricistas, fontaneros, albañiles, carpinteros e incluso de cursos de informática. Y para los que no pudieron tener esta escuela, tuvieron otra sin saberlo con un fusil en la mano, en el campo de instrucción o en la trinchera , el pozo de mortero o la movediza duna en Ifni o en el Sáhara, que le descubrieron las virtudes que emanan del compañerismo, la lealtad a los superiores y la disciplina que impone la milicia y que luego tienen su aplicación en la sociedad civil.

Al margen de estas disquisiciones Pérez-Orive avisa al lector del peligro competitivo que sufre hoy en día el hombre de empresa, al borde siempre del precipicio que supone la ley que rige los negocios. También advierte que no hay fórmula mágica para montarse por libre el futuro, y los males ajenos a su alcance que sufre hoy en día la sociedad como son, el alto grado de mortalidad infantil, el decreciente número de nacimientos, la larga longevidad y los movimientos migratorios, que influirán mucho más en el futuro.

Termina Pérez-Orive con un decálogo con diez principios fundamentales algo farragosos de digerir por el futuro empresario, y que se resumen, según su criterio, en los siguientes consejos que más llaman nuestra atención:

1. No se pregunte a que se va a dedicar.
2. Busque y encuentre un cliente y mímelo.
3. Una vez encontrada la entrada sepa encontrar la salida.
4. No se conforme con el crecimiento de su empresa. Contemple la adversidad .
5. La obtención de buenos resultados exige un buen proceso.
6. Vigile a su adversario y esté atento a sus tretas.
7. La obtención de beneficios exige saber convertir la información en conocimientos.
8. Los caminos para ganar el bolsillo del cliente pasan por acceder primero a su conocimiento, y luego a su corazón.
9. En el camino de los negocios siempre hay tropezones.
10. Trate de descubrir los depredadores que obstaculizaron su camino.

Y mis postreros consejos: hay dos formas de prosperidad, una la que puedes conseguir con tu trabajo y ahorro, y la otra la que puede desaparecer por no saberla administrar.

¿..Y si no llego al éxito después de todo lo que he trabajado, señor Pérez-Orive..?... ¿Qué hago..? De momento siga al pie de la letra el pensamiento de Nietzsche que dice "haga de su vida, una obra de arte" ¿ Y después…? El autor reconoce para sí que el joven lector le pone en un aprieto. Se rasca la frente, se atusa el pelo blanco para atrás y le contesta:

-Permítame un empujón particular : el fracaso. El fracaso es la estrella que le llevará a Belén.

Mariano Fernández-Aceytuno Gavarrón

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