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Artículo para Debate: 'Empresa y Política'

La relación de las empresas -me refiero a las grandes empresas- con el mundo de la política, en España, ha tendido a ser confusa y en general poco transparente, por no decir oscurantista. Gabinetes de presidencia, comités de crisis u oficinas de relaciones institucionales son el escenario casi único de esas actividades y eso siempre referido a un número muy limitado de empresas -ni siquiera todas las del [b]IBEX35[/b]-.

Empresas y poder político. Una alianza histórica en precario.

Por supuesto que existen vínculos personales -familiares, académicos, profesionales- entre los altos directivos del país y las cúpulas partidarias. Ocurre a veces que esas conexiones personales, entendidas como línea de comunicación privilegiada, no contribuyen a dotar de transparencia el conjunto de las relaciones entre las empresas y la política -las famosas puertas giratorias-. Las relaciones con los parlamentos, con las oficinas gubernamentales, con los organismos públicos, etc., se realizan usualmente por vías interpuestas -fundaciones, despachos de abogados, lobbies- debido a la falta de un lenguaje común a las élites políticas y las empresariales. Dejo aparte, aunque realmente en nuestro mundo esas relaciones son vitales y determinantes, los vínculos en los que la administración pública es cliente o contratante de determinadas empresas. Al contrario que en países del área sajona y del norte occidental en los que la vinculación de los empresarios con la política es mucho más transparente y directa, en España, y en general en los países latinos, entendemos esas relaciones como vergonzantes, necesitadas de canales discretos. Me temo que muchas veces esos vínculos de puerta trasera son el origen de determinados vicios, prácticas clientelares y corrupción.

En general la empresa- la gran mayoría de las empresas- se mueve al margen de la política. Actitud razonable en sociedades libres, democráticas y de mercado. Los lazos de la empresa con la política son casi exclusivamente indirectos. Se expresan a través de las corporaciones patronales, de  grupos de interés, de medios de comunicación y poco más. Por supuesto que los propietarios y gestores de las empresas tienen su corazón y sus vinculaciones privadas con los partidos y los sectores políticos pero en la mayoría de los casos, para lo bueno y para lo malo, apenas tienen traducción en el día a día de la empresa. Así ha sido tradicionalmente en España debido a nuestra historia y sin embargo, y no por casualidad, la política, los acontecimientos políticos determinan el presente y el futuro de las empresas. Llama por tanto la atención la falta de bilateralidad y transparencia en las relaciones. En situaciones normales y por economía de recursos, el empresario, y el ciudadano en general, confía en que las instituciones harán bien su trabajo. Y piensa que sus representantes en la esfera corporativa: la patronal, las asociaciones profesionales, los grupos de interés y los partidos políticos afines a la mentalidad empresarial y al libre mercado, que no son pocos ni débiles, sabrán comportarse debidamente. Incluso, en situaciones de crisis, aceptarán los sacrificios que la situación exija. Business as usual. En cada giro estratégico necesario que ha dado el capitalismo en doscientos años de historia allí ha estado un núcleo de empresarios y hombres -mujeres desde hace menos tiempo- optando por ello y a la cabeza de los cambios. De alguna forma la dinámica poder-empresa es la fuerza dominante del mundo capitalista o así nos lo ha parecido hasta ahora.

La crisis. Un cambio radical de las reglas de juego.

Pero la mundialización o globalización y la crisis del sistema en el que “residimos” parecen haber alterado las reglas de juego. Tal como afirma Moisés Naím en “El fin del poder”, nunca el poder- entendido como el conjunto de gobiernos, empresas y corporaciones- ha estado menos concentrado y nunca como ahora las instituciones se han sentido tan desamparadas y huérfanas. Parece haberse abierto en el mundo un periodo histórico en el que nadie parece llevar las riendas y en el que cualquier cosa puede pasar. Como escribe Javier Solana: “Cuanto más interdependiente se hace el mundo los grandes actores parecen menos dispuestos a asumir responsabilidades globales”.

Apostamos habitualmente por considerar que la salida de la crisis puede poner fin a esa fase de dilución del poder y que la emergencia y consolidación de nuevos bloques económicos y políticos -Asia, Pacífico, BRIC- tenga consecuencias positivas y permita enderezar el rumbo de una economía internacional necesitada de revulsivos y nuevas orientaciones. Pero ese nuevo amanecer no parece anunciarse por lado alguno. Más bien asistimos a la fragmentación de las fuerzas políticas en el mundo occidental, al desarrollo de bloques regionales competitivos y confrontados unos con otros y a la aparición en muchos países, especialmente en los más desarrollados, de propuestas populistas, nacionalistas y radicales, amén de nuevas y reforzadas reivindicaciones territoriales, que no anuncian nada bueno. Y en lo relativo a las potencias emergentes parece como si nuestra confianza en su fuerza motora y dinámica para ayudar al mundo global a salir de la crisis se haya tornado desconfianza y temor. Tememos a Rusia por su empeño en recuperar su identidad imperial y no acertamos a idear una estrategia adecuada para hacer frente a esa amenaza. Nos asusta la crisis brasileña y apenas sabemos qué hacer con los chinos una vez que hemos comprobado que tienen propios objetivos como potencia. Regiones enteras del planeta como el Sahel o el Oriente Medio viven procesos de desgobierno y de militarización y se incrementan las amenazas en los ámbitos de la salud y las migraciones. Al tiempo asistimos al deterioro de las formas de vida tradicionales -empleo, bienes sociales, gobernabilidad- propias de las grandes clases medias en los países del centro. En general, y si tiene razón el profesor del IE Business School Fernando Fernández Méndez de Andés, todos estos fenómenos son respuesta a la globalización. Respuesta torpe y posiblemente negativa pero que generan una enorme desazón en las élites gobernantes y dirigencias políticas y económicas del mundo entero. Razonaba recientemente Fernández Méndez en El País sobre la dificultad de entender, por ejemplo y escribiendo sobre el caso escocés, “el hecho de que alguien esté dispuesto a abandonar una unión económica y política de tanto éxito como Reino Unido —una unión que muchos en Europa buscan desesperadamente emular— para enfrentarse solo a un mundo inseguro, geopolíticamente inestable y en un entorno económico y financiero sumamente estresado”. Algún analista ha encontrado similitudes y concordancias muy llamativas entre nuestra época y la previa a la Primera Guerra Mundial, de la que hoy nos separan exactamente cien años. Recordemos, y no para asustar a los lectores, que el ciclo histórico trágico que se inició en 1914 no tuvo un final político hasta la conclusión de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

Nuevas formas de intervención política de las empresas

En esa situación la pregunta es si las empresas deberían incorporarse con su propia fuerza al debate y al diseño de estrategias de cambio. No ya a la defensiva limitando su presencia a los debates fiscales, reguladores o industriales sino en el territorio mismo de la definición de nuevos proyectos políticos.

Son miles las empresas cerradas y empresarios arruinados. Centenares los ejecutivos y técnicos desempleados y subempleados. Autónomos, comerciantes y pequeños empresarios viven sin representación política. Esa situación, igual que en otros momentos históricos, será el caldo de cultivo para la emergencia de nuevas fuerzas políticas populistas que amputarán la fuerza de los partidos de centro y de derechas como estamos viendo en Francia y en otros países europeos. En España aparentemente esas fuerzas emergentes -y nos referimos en especial a Podemos- puede que estén muy orientadas hacia proyectos radicales de izquierda pero, por mucho que estemos vacunados de espanto por nuestra propia historia, me temo que en poco tiempo veremos la aparición desde la derecha de otras fuerzas de signo contrario que junto con el populismo de izquierdas laminarán los votos y la representación de las fuerzas democráticas que hasta ahora han representado el espíritu constitucional nacido durante la transición y harán de más difícil gobernación el país en coincidencia con la propia crisis territorial catalana, que añade un rango de complejidad extrema al conjunto de la situación.

En esta coyuntura los partidos constitucionales parecen bloqueados por entorno tan poco propicio y dudan sobre la mejor estrategia de salida de una situación de crisis creciente. Estamos viendo ese fenómeno en toda su crudeza con respecto a la crisis catalana. En estos momentos las empresas catalanas viven un desgarro íntimo -que tiene traducción en el seno de sus instituciones corporativas- y apenas pueden articular un mensaje unitario más allá de los mantras habituales sobre la ley y la demanda de diálogo. Sienten como si la política les fuese ajena y apenas entienden las claves de lo que se nos viene encima. La contención formal y la discreción, señas de identidad tradicional de las instituciones empresariales, es entendida por unos ciudadanos como complacencia con los políticos secesionistas y por otros como ambigüedad o complicidad con el poder central. Muchos temen que los acontecimientos deriven en obligadas tomas de posición que descompongan el equilibrio institucional catalán y el español mismo.

Puede que la crisis política española, mucho más si la salida de la recesión se alarga o se complica, derive para el empresariado español y especialmente para aquellas empresas poco o nada internacionalizadas en un escenario similar al que hoy viven las empresas catalanas y españolas instaladas en Cataluña. Descomposición del sistema de partidos, desgobierno institucional y acceso al poder de coaliciones populistas. En ese marco puede que muchos empresarios se planteen como volver a recuperar su propio espacio en la política. Sería bueno, como mínimo, que fueran interrogándose, aunque solo fuera como ejercicio de análisis, sobre nuevas maneras de relación con la política y con las instituciones. Aunque solo sea para ayudar a construir una sólida estrategia de salida de una crisis que empezó siendo financiera y que amenaza con convertirse en crisis global.

Otra cosa es el contenido y las propuestas que el mundo empresarial pueda aportar al saneamiento de lo que Belén Barreiro ha llamado “democracia sin política”. No parece posible ni necesario, ni siquiera oportuno pensar en un programa de partido como apuesta global del empresariado. La diversidad de las distintas apuestas, del diferente grado de desarrollo y competitividad internacional de todas y cada una de las empresas, no permiten vislumbrar siquiera un proyecto global de país más allá de las tradicionales demandas corporativas. Y sin embargo sí parece necesario alterar el comportamiento habitual de las empresas con relación a la política. Por ejemplo, y sin ánimo de ofrecer recetas milagrosas:

  • mayor visibilidad de la empresa en el debate y fortalecimiento de su influencia en la sociedad civil.
  • rechazo a las formas oscurantistas de relación con los partidos y apertura del diálogo con la totalidad de las formaciones haciendo llegar mensajes en positivo y de compromiso con el futuro.
  • mejores instrumentos de inteligencia social y política. Refuerzo de las relaciones con los centros de conocimiento e investigación socio-políticos.
  • planes de contingencia y de crisis.

En resumen, como pasar “del que hay de lo mío” a comportarse como “empresas ciudadanas”.

Adjunto
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Comments (19)

  • Juan Fernández-Aceytuno

    Juan Fernández-Aceytuno

    12 Octubre 2014 at 17:54 | #

    Quizás sea bueno comenzar por puntualizar de qué empresas hablamos...Excelente artículo Angel.

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  • Ángel Alda

    Ángel Alda

    14 Octubre 2014 at 18:55 | #

    No creo que exista un mensaje único para el universo empresarial en su conjunto. Si acaso pudiera resumir mi idea quedaría la cosa mas o menos así:
    -la gran empresa debería acostumbrarse a dotar a sus relaciones con las fuerzas políticas de mayor transparencia y a no favorecer las prácticas que se han venido a llamar de "puertas giratorias". Puede sonar esto como muy naif pero creo que vivimos en tiempos excepcionales. No puede ser que en un clima de corrupción -percibida o real- como el actual la gran empresa pretenda no formar parte de la fórmula corruptor-corrupto.
    Las pequeñas empresas puede que sigan estando fuera del marco. Ni están, ni desgraciadamente se las espera. Sería largo especular sobre el estado de las organizaciones patronales por lo que me abstengo siquiera de planearlo.
    Pero si que creo que existe un importante número de empresas medianas qeu pienso que deberían jugar un papel mas activo en la definición de las políticas del futuro. Encontrando socios para la discusión en foros, academias, etc y planteando alternativas distintas de las tradicionales apuestas corporativas.
    No se si lo he aclarado pero creo que el debate está todavía poco rodado.

    Gracias Juan por tus palabras

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  • Jesús Mª Martínez-del Rey Mingallón

    Jesús Mª Martínez-del Rey Mingallón

    15 Octubre 2014 at 11:35 | #

    Brillante artículo, Ángel.
    Aparte de la necesidad, estimo que hay un compromiso moral de parte de la empresas. Vivimos momentos en los que ya nos es posible mantener "impasible el ademán". Muchas gracias por tus reflexiones.

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  • tomas garcia montes

    tomas garcia montes

    15 Octubre 2014 at 11:53 | #

    Yo soy muy reacio a este tipo de propuestas, que me parecen resultado natural de tantos años de crisis y malas noticias como llevamos acumulado desde 2007: es lógico que cunda el desánimo y el pesimismo. Cualquier periodo histórico que repasemos reflejaría una rotura del equilibrio previo tan dramática como la que algunos analistas ven en la actual, o incluso más grave.

    La empresa debe permanecer en un plano económico y de mercado; cualquier incursión que realice en el terreno político tendrá consecuencias sobre sus ventas (de esto podrían opinar con mucho conocimiento de causa los empresarios catalanes) Solo cuando el entorno político alcanza una situación límite, como se ha visto en Escocia, es cuando las empresas deben pronunciarse al respecto, desde la lógica de mercado; es decir y como ha sucedido en casos notorios, "si el referéndum triunfa... llevaremos nuestra sede social a...." pero no por cuestiones ideológicas o políticas, sino sencillamente por razones económicas: es que fuera de la UE perderíamos mercado. ventas, etc. y quebraríamos.
    En cuanto a las puertas giratorias, es un tema que deben definir los políticos, estableciendo las incompatibilidades aplicables a sus empleos posteriores al cargo durante el tiempo que acuerden; hay países muy avanzados donde este periodo se cifra en dos años, y me parece una cuarentena prudente y suficiente.
    En resumen, las empresas deben dedicarse a ganar dinero cumpliendo todas las leyes vigentes, y los votantes deben trasmitir a sus representantes los valores que consideran más adecuados para ordenar la vida política.

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  • Benedicto Gallardo

    Benedicto Gallardo

    15 Octubre 2014 at 12:03 | #

    Compartiendo la visión del artículo sobre potenciar empresas más responsables ciudadana y socialmente, me gustaría resaltar que la fragmentación política no es negativa si ayuda a poner coto a las relaciones de clientelismo y comodidad en que se han instaurado los distintos actores sociales desde la Transición (llámese partidos políticos, sindicatos, asociaciones empresariales) y que han derivado en los bochornosos casos de corrupción que dañan la imágen de este país día tras día.
    Los partidos políticos deberían dedicarse exclusivamente a generar el entorno de confianza y el marco de seguridad necesario para que las empresas puedan desarrollar su potencial y explotar sus oportunidades en un entorno cada vez más global y más competitivo; creando a su vez un entorno de control robusto para asegurar que los recursos públicos destinados a esa función se invierten de forma adecuada y obteniendo los resultados esperados.

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  • Pino Bethencourt Gallagher

    Pino Bethencourt Gallagher

    15 Octubre 2014 at 12:25 | #

    Estimados todos:

    Aplaudo el artículo y la invitación al debate, aunque no envidio nada al que tenga que moderarlo!

    Para mí hay dos puntos cruciales: (1) la despersonalización de la "empresa" y (2) el interés de implicarnos cada uno un poco más en la "sociedad civil". La política, al fin y al cabo, no es más que la punta del iceberg de los asuntos de convivencia social que nos conciernen a todos.

    Creo que las "empresas" en las que todos callan y esperan a que otro hable primero son empresas carentes de alma ni personalidad, y por ello acaban funcionando como dinosaurios lentos, opacos y temerosos. Desgraciadamente la orientación obsesiva al "bottom line" y los mercados financieros oportunistas arrinconan a muchas grandes empresas, castigando a sus empleados hasta que se convierten en siervos temerosos y obedientes. ¿qué alma puede quedar así?

    Por otro lado todos los Europeos pecamos por omisión al dejar muchos asuntos importantes en manos del "sector público". Consideramos que para eso pagamos impuestos, y luego nos quejamos de que las cosas no se resuelvan como a nosotros nos gustaría.

    Yo, ya me conocéis, invitaría a cada uno a llevar este debate al terreno más personal: No qué deben hacer "ellos", sino qué hago yo para hacer más humana mi empresa y para implicarme más vivamente en la sociedad que me rodea. Knowsquare es un bonito ejemplo de este espíritu comunitario de compartir y comprender.

    Estamos viviendo un clima muy complicado en España ahora mismo. Y lo mejor que podemos contribuir a todos los debates a nuestro alrededor es tranquilidad, serenidad y mucha, muchísima humanidad.

    reply

  • R. Domenico Esposito Pérez

    R. Domenico Esposito Pérez

    15 Octubre 2014 at 13:56 | #

    EXCELENTE ARTICULO.

    Yo creo que el problema hoy es ya de valores. Por un lado a mi entender la política debe estar totalmente separada, ajena al funcionamiento empresarial, económico. yo solo pido seguridad jurídica, que se cumplan las reglas, educación y seguridad. Que es eso de empresas públicas? que dejen al mercado funcionar, que podamos competir en igualdad, en los últimos años, muchas empresas han nacido y crecido solo a través de contratos públicos y de aquella manera. Que sucede entonces si no logro entrar estoy totalmente fuera. Lo que sucede ahora es que ya se ha desangrado tanto a los países, ayuntamiento, instituciones, etc que a base de impuestos o vete a saber que hay que mantener el Status quo. No se si la globalización es culpable o no, pero si soy incapaz de sobrevivir dentro de mi ciudad, que más da lo que pase al otro lado. Hay que ir de lo pequeño a lo grande. El problema es y como decía un humorista del UN DOS TRES gran programa por cierto: "SHHHH, AQUI NO PASA NADA"

    Resumiendo, reglas claras y a cumplir, política por un lado, empresas por otro.

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  • Ricardo Fernández

    Ricardo Fernández

    15 Octubre 2014 at 13:57 | #

    Interesante debate que daría para escribir un libro. Intentando concretar:

    a)La empresa es libre de aplicar sus políticas mientras cumpla con la legalidad. Esto es algo muy simple pero se nos olvida muchas veces y no estaría de más que las empresas lo anunciarán en sus códigos éticos y, además, lo cumplieran.

    b)La empresa puede tener o no opinión política o social. No está obligada a ello, pero puede hacerlo ya sea porque le corresponde según su código ético, que va más allá de la legalidad, o también por una política de marketing, siempre que su actuación sea consecuente con esas opiniones.

    Muchos clientes aprecian esas declaraciones de las empresas que les permiten orientar sus compras más allá de la calidad-precio del producto, teniendo en cuenta esos valores sociales o políticos. En este caso lo importante además del anuncio y la información periódica y contrastada del cumplimiento de lo anunciado.

    En este nuevo escenario global que permite mayor transparencia y comunicación estos posicionamientos son muy importantes para la empresa, y aún más para aquellas que quieren dirigirse a un nicho de mercado en que las responsabilidades sociales son una de las características de su definición.

    Resumen: Puede considerarse en el futuro una mayor vinculación de la empresa con la política en su vertiente de compromisos sociales, como la expresión de un código ético o como una simple, pero seria y consecuente, política de marketing.

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  • José Enebral Fernández

    José Enebral Fernández

    15 Octubre 2014 at 17:59 | #

    No podemos sino estar altamente indignados con los políticos, pero es que los empresarios parecen encontrar en personas como G. Díaz Ferrán o Arturo Fernández, sus más idóneos representantes, por no hablar de la mentalidad de Mónica Oriol, etc. Todos deberíamos ser más íntegros, pero, por una parte los empresarios-directivos tienden a adulterar la idea de la integridad y, por otro, los códigos éticos se saltan como la ley, y a los íntegros basta su conciencia. En fin, esto da para mucho y yo solo trato de responder a la invitación de participar. Abrazo a Ángel y a todos. Pepe.

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  • Julián de Cabo Moreno

    Julián de Cabo Moreno

    16 Octubre 2014 at 07:18 | #

    Estupendo artículo, Ángel. Aunque disiento casi de raíz con tu tesis.

    Cuando afirmas que "En general la empresa- la gran mayoría de las empresas- se mueve al margen de la política.”, me parece que -lamentablemente- estamos en la situación contraria. Pocas veces en la historia hemos visto con más impudicia el tráfico de personas desde la política a la empresa supuestamente privada. Y mejor no mencionemos las públicas o semipúblicas en estos días de tarjetas negras.

    Supongo que parte de lo que sucede es que para los gestores de las grandes compañías es más cómodo enredar que competir (un buen decreto a tiempo mejora el EBITDA mucho más que pelearte con el de enfrente a cara de perro), pero la consecuencia para el ciudadano es siempre negativa: mercados en oligopolio lejanos a la competencia real, precios fijados entre unos pocos cuates que se reparten cuotas y fijan precios, etc. Con el resultado global de que el reparto de la renta está cada vez más polarizado gracias al éxito de las élites extractivas que nos gobiernan.

    Por otro lado, la política de hoy está tristemente lejana de aquel “cursus honorum” de los romanos, tal vez -entre otras cosas- porque pocas veces hemos estado más lejanos de tener un concepto común de qué sea el honor. Y de haberlo, cotiza por debajo del concepto de capacidad económica. La política se ha profesionalizado, de tal modo que se ha llegado a criticar a un determinado gobierno por “legislar poco” … ¡¡como si lo ideal fuera seguir haciendo crecer esta selva normativa que ahoga cualquier posible iniciativa!!

    Y conste que escribo esto a la par que estoy vinculado a tres o cuatro nuevos proyectos empresariales que me llenan de ilusión. Porque creo que no tenemos más futuro que el que queramos construir. Aunque también creo que hay cosas que, como sociedad, deberíamos corregir si queremos que esto repunte más rápido. Afortunadamente la lista no es muy larga y sí muy clara. Necesitamos: gestores que dirijan, políticos que miren al bien común y nos ilusionen con un diseño de futuro como sociedad, y jueces que pongan en su sitio rápidamente a los que se salga de la línea recta.

    Tal vez me hago mayor. Y eso me lleva a la plena incorrección política, pero me voy a meter en un charco aprovechando que es jueves. Hubo una época en que las ciudades surgían en torno a un templo creado por los fieles, al que acudían con regularidad buscando dar un sentido a su vida. Hoy las urbanizaciones crecen en torno al centro comercial, al que acudimos para justificar ante nosotros mismos la vida tan absurda que llevamos.

    Lo que necesitamos son creyentes. No me cabe la mayor duda. Y me da igual en que crean. Porque el creyente se convierte en un fiel. Y cuando alguien es fiel a una idea y unos principios está mucho más próximo a dejar tras de sí unos valores sólidos en lugar de un montón de dinero en una cuenta corriente.

    Releo lo escrito y espero que esta no sea la razón que Juan necesitaba para recomendarme un cambio de medicación.

    Buen día a todos. Y gracias de nuevo por tu esfuerzo, Ángel.

    reply

  • Ángel Alda

    Ángel Alda

    17 Octubre 2014 at 15:54 | #

    Cuando iniciaba con Juan Fernández-Aceytuno el proceso de edición del papel que hoy estamos discutiendo no teníamos en cuenta las circunstancias informativas en las que hoy transitamos. El caso de las tarjetas “black” de Caja Madrid ha provocado una crisis política, seguramente necesaria, que ha dejado en el olvido innumerables escándalos de importancia económica mucho mas graves. Por 15 millones de euros “de nada”-perdón por la tontería-se ha armado un verdadero Armagedón. Bueno que sea así si con ello todos tomamos conciencia de lo que nos jugamos.
    En primer lugar debo dar las gracias a todos los comentarios. Julián, Pepe, Ricardo, Rafael, Pino, Benedicto, Tomás, Jesús María y otras personas por diferentes canales nos han hecho llegar aportaciones muy lúcidas que ilustran dos cosas. La primera, la gran preocupación común que sentimos por el estado de cosas, y la segunda, las diferencias en las formas de abordar el problema que tratamos, que no es otro que la presencia de la empresa en la vida política.
    Muy ingenuos seríamos si no reconociésemos que las empresas hacen política en el día a día. No viven en un mundo aparte de la sociedad. Hacen política al contratar. Al formar a su personal. Cuando ayudan o no a conciliar la vida familiar con la empresarial. Cuando invierten o se deslocalizan. Cuando elaboran en sus órganos de representación propuestas fiscales, regulatorias o laborales. Cuando negocian con la administración programas de ayuda y subvenciones. Y en muchos casos cuando tienen antenas y vínculos personales en las administraciones y en los poderes públicos y determinan en petit comité las líneas maestras de los programas políticos de determinados partidos o gobiernos. Otra cosa es que a eso le llamemos “hacer política” o “influir en política”.
    Estos días la CNMV ha publicado, dentro de su boletín trimestral, un descarnado informe sobre la actitud de los consejos de administración de las grandes empresas españolas ante la crisis. Recomiendo vivamente su lectura. En un ejercicio muy saludable de transparencia, Alberto Lavín, profesor de IE Business School, se entrevistó con 26 consejeros que representan a 42 empresas, la mayoría cotizadas. Las conclusiones del informe son para echarse a llorar. Por encima de todo se constata la falta de percepción política sobre la crisis, sobre las causas y sus consecuencias, como el principal factor que hizo posible dar respuestas tardías y equivocadas a la misma. Las pocas ganas de mover las aguas dentro del consejo y la confianza milagrosa en un cambio del entorno como motor de solución de los problemas. La incapacidad de pensar en estrategias corporativas de largo alcance, derivando hacia consultores externos los criterios para la acción. La deriva hacia la centralización de la toma de decisiones con la correspondiente desmoralización del cuadro ejecutivo en su conjunto. Hoy el diario El País titulaba certeramente el contenido del informe: “Cuando el caos atrapa al consejo”. Para los muy interesados y capaces de dedicar el fin de semana a estas lecturas tan “apasionantes” les coloco el enlace https://www.cnmv.es/DocPortal/Publicaciones/Boletin/Boletin_CNMV_III-2014_Web.pdf
    Tenemos un problema y Houston no está al otro lado de la línea. Por supuesto que vendrán tiempos mejores. Que los ciclos es lo que tienen. Pero, amigos, vivimos en un ciclo depresivo desde 2007 y no se vislumbra en el horizonte una línea de salida clara. Mejor valorar aunque solo sea como hipótesis la posibilidad de enfrentarnos a cambios radicales del modelo de capitalismo en el que hemos vivido las últimas décadas. Puede que las empresas tomadas de una en una, e incluso en su conjunto, no sean las responsables del malestar económico en el que vivimos. Que sin las empresas de los países emergentes hubiera sido imposible sacar de la pobreza a centenares de millones de personas. Que sin las empresas no tendríamos en estos momentos las herramientas tecnológicas que nos permiten adivinar un mejor futuro. Pero, también, que las empresas han creado y han sido cómplices de unas formas de hacer negocio enfocadas casi en exclusiva al corto plazo, a la maximización del beneficio propio mas allá de cualquier tipo de prudencia o celo civilizatorio. Por muchos intentos que se hayan lanzado de políticas de responsabilidad social, al final los mismos no han sido más que retórica.
    En cuanto a lo que ocurre en nuestro país no hace falta ser muy sagaz para entender que se avecinan necesarios tiempos de cambio. Que nuestras instituciones merecen un repaso más allá de la cosmética. Nuestra universidad y el sistema educativo. La justicia. La organización territorial. La democratización y el control de los partidos políticos ¿Cómo va a estar la empresa al margen de esos desafíos? La misma empresa necesita cambios que aceleren sus procesos de innovación y de internacionalización y para ello su presencia en los foros instituciones resulta clave. Nos encontramos que en estas circunstancias los órganos que representan a las empresas están sometidos a un deterioro y una obsolescencia tan llamativos como los que aquejan al conjunto de las instituciones corporativas en nuestro país. Entre los académicos y los gestores de nuestro país se ha instalado la idea de señalar a la clase política y a una supuesta clase de minorías “extractivas” como los responsables del incordio. Luego no nos puede extrañar que tanta fortuna haya tenido la definición de “casta” por parte de grupos radicales como Podemos. En realidad han sido los propios ideólogos de nuestro aparato intelectual quienes han construido ese monstruo. Sería bueno que los ejecutivos de nuestro país dedicasen parte de su tiempo a construir sus propias referencias sobre “lo que nos pasa”. Aunque solo sea por eso, por la búsqueda de la libertad de pensamiento, que merece la pena enfrentarse al reto de intervenir en política, de participar en las reflexiones comunes.
    Díganme si en esas circunstancias podemos permitirnos esperar pacientemente que lleguen tiempos mejores con la excusa de los ciclos o de la tradicional neutralidad política de las empresas. Seguro que algo se puede hacer. No seguramente con un ánimo deprimido o exaltado como el mío. Pero sí que con el pensamiento y la reflexión de muchas personas altamente preparadas que hoy constituyen las élites empresariales de este país. Nunca antes otras generaciones han tenido tanta formación, tanta experiencia ejecutiva. Posiblemente tampoco tuvieron que enfrentarse a tantos retos.

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  • Roberto Aleu Sánchez

    Roberto Aleu Sánchez

    19 Octubre 2014 at 22:43 | #

    Como llego tarde al debate me pasa lo de siempre en la vida, que cuando vas a decir algo, ya lo ha dicho alguien, y muchas veces, mejor de lo habrías sido capaz de hacer tú.

    Pero creo que la idea fundamental que yo defendería es la de la necesidad "ideal" de separación de las esferas de actuación de empresa y Poder Político. En un país tan intervenido como España, donde tan a menudo la norma legal crea negocios absurdos mediante la noria de los apoyos, subvenciones, desgravaciones, etc., mucho más capaces de generar riqueza o concursos de acreedores que la buena o mala gestión, es indudable que el afán del empresario por influir, si puede, en los políticos, es necesariamente muy grande. La puerta giratoria es el caso más obvio, pero ni el único ni, probablemente, el que más daño hace. Al fin y la cabo,la puerta giratoria es pública y visible......

    Como no podemos pensar que no va a existir la tentación de influir desde los centros de poder económico en los de poder político, hagamos que sea público, institucionalicemos el lobby, y, al mismo tiempo, hagamos desaparecer completamente todas las subvenciones a patronales (y por supuesto a sindicatos), e intentemos establecer grandes marcos regulatorios de carácter básico con una estabilidad temporal asegurada. Haría falta el consenso de los grandes partidos, por supuesto.Pero si cada "cuarto de hora" cambiamos la fiscalidad de las empresas, del ahorro y de la inversión, si continuamente establecemos "prioridades sectoriales del Gobierno" (?) que recuerdan al dirigismo económico de otros tiempos o países, ¿cómo podemos esperar que el empresario no intente influir en el Poder Político? Pero no desde una legítima visión política de la sociedad, lo que corresponde al empresario como ciudadano, con independencia de su acción profesional, sino buscando la cuenta de resultados en el BOE en lugar de en los clientes y los productos.
    Dice un refrán que quien evita la ocasión evita el peligro...o algo parecido.
    No hagamos tan tentador el influir, creemos cauces públicos y transparentes para los casos en que el empresario decida hacerlo, y ajustemos nuestro sistema penal y procesal para que no valga la pena intentar saltarse las normas

    Por cierto señores políticos, aprendan de una vez por todas que cuando se regula a favor de una minoría, se está regulando en contra de una mayoría, lo que lleva a regulaciones parciales a favor de grupos no favorecidos por la normativa anterior de manera continua en una noria estúpida, y, lo peor, carísima (de muy costosa, que no de queridísima) que en el mejor de los casos acaba siendo neutral.

    De cuando el Poder Político se mete a empresario.....mejor no hablar para que no se nos corte la digestión.



    Finalmente un apunte. Algo a conseguir sería establecer la relación empresa - política como una puerta giratoria inversa a la habitual: que no se pudiera optar a un puesto electivo sin haber tenido que ser, si no empresario, sí alguien que se ha ganado la vida en competencia. No hace falta haber sido CEO de una sociedad del IBEX,que seguro que ayuda, pero por lo menos haber hecho algo más cercano a la realidad, como tener un bar, o ser
    taxista, pero claro, no esperemos ovaciones de los políticos a la idea. Pero si esa fuera la relación Empresa -Poder Político, no estaríamos hablando de ello, y si bien España iría mucho mejor, perderíamos el placer del debate que nos brindan Juan y Ángel.

    reply

  • Ángel Manuel Arias

    Ángel Manuel Arias

    21 Octubre 2014 at 15:01 | #

    El artículo abre varios motivos para la reflexión y algunos para la polémica, así que lo califico como magnífico. Mi contribución al debate es ésta, que recoge lo que publiqué en mi blog justamente en estas fechas.

    "Etica para un mundo global


    Puede que aún haya quien no le preste atención, pero la sociedad de las comunicaciones ha levantado la gran piedra en la que se ocultaban buena parte de las contradicciones de la sociedad occidental, y ha dejado al descubierto la desnudez de los dogmas con los que había venido trabajando, en particular, desde ese momento singular que se llamó revolución industrial.

    Estamos en un momento que carece de interés sociológico, porque en realidad, lo que debería interesarnos es que nos encontramos ante la evidencia de que se prepara un gran diluvio, que será, esta vez, mucho más universal que los anteriores.

    La Biblia, ese libro imaginativo en el que han quedado reflejados, con metáforas y cuentos cortos sin otra aparente relación que la de referirnos el camino de un pueblo elegido hacia su utopía, ya lo tiene reflejado: solamente se salvarán quienes consigan construir un arca en la que hayan introducido, antes de la debacle colectiva, además de a sí mismos y a unos pocos familiares, algunos ejemplares de otras especies, con lo que conseguirán mantener encendida por algún tiempo más la llama de la fantasía.

    La amenaza detectada se llama hoy calentamiento global, y el pecado colectivo consiste en la adoración del dios dinero, sostenido por sacerdotes y profetas que se expresan en conciliábulos de apoyo al mercado libre y animan a la búsqueda sin límites de la satisfacción, a la que nos conduce, ciega de su destino final, la sociedad de consumo.

    ¿Hay solución? En múltiples foros se aborda, con manifiesta falta de profundidad, el análisis acerca de las posibles soluciones: responsabilidad social corporativa, ayuda al desarrollo, planes para la reducción de las emisiones (incumplidos sistemáticamente), eliminación de barreras al comercio internacional, programas de acceso al agua y energía para todos, protección al medio ambiente en bosques tropicales, humedales y zonas sensibles, etc.

    Entretanto huelen el tufo de la catástrofe, las sociedades teóricamente más avanzadas, se pertrechan para mantener el equilibrio inestable del bienestar de sus mayorías, descuidando aceleradamente los problemas de las minorías cada vez más marginadas en su soledad, condenándolas a su suerte, vendiendo a los fieles que se mantienen en los tabernáculos, la esperanza fatua de una recuperación de los mercados, acumulando medidas y promesas de actuación que la realidad revela, una y otra vez, no ya como insuficientes, sino como equivocadas.

    No se habla de la ética, es decir, de los principios éticos universales, que es tanto como decir, de las cuestiones deontológicas más elementales, que se resumen en una: nadie puede arrogarse el derecho a vivir con base en la eliminación de los otros.

    Aunque sigue habiendo guerras de usurpación y dominio, las batallas se ganan también en el campo de la ineficiencia, de la falsa dedicación a poner en práctica soluciones que representan engañiflas, de la ocultación de los datos relevantes del problema a los más y, también, del desprecio a la situación de quienes tienen menos recursos (económicos, intelectuales, sanitarios, de información y contactos), imposibilitados de raíz para encontrar por sus propios medios, el camino que podría conducirles a su supervivencia, a construir su arca de salvación para los suyos.

    El cristianismo, en cuanto a teoría humanitaria a la que es posible, sin desdoro, suprimir el aspecto teológico para dejarlo en su esencia, reducido al aforismo de todo filósofo honesto, respeta al semejante sin hacerle daño (podíamos llamarlo amor, pero no hace falta apuntar alto para acertar a lo que se tiene al lado) no tiene la varita mágica. Pero sí sería capaz, en este momento de su evolución para aproximarse a términos de doctrina social, y después de siglos de dar tumbos, cometer innúmeros errores y causar mucho daño, de ayudar a un buen diagnóstico.

    Porque la cuestión no está en lo que ningún Dios pueda querer de nosotros, sino en lo que el hombre pretende conseguir de sí mismo.

    Es imprescindible pensar en soluciones globales, olvidarse de dogmas y egoísmos individuales, nacionalistas o gregarios, y presentar una panoplia de actuaciones globales, en la que la tecnología, la cooperación leal, el trabajo conjunto entre todos los pueblos, ayuden a salvar los muebles de este desequilibrio dramático en el que estamos construyendo un presente precario con un futuro claramente imposible para todos.

    No me parece digno que se esté construyendo el arca de la salvación de unos pocos, a costa de sepultar en el diluvio global a las mayorías. La gobernanza total, hoy, como nunca, exige liderazgos y compromisos en muy corto plazo, con la mirada puesta en lo que habrá más allá de esta generación o la siguiente. Menos cifras, digamos no a inútiles promesas, censuremos esa proliferación de conferencias internacionales sin conclusiones efectivas, en donde cientos de representantes de quién sabe intercambian sus tarjetas y palmaditas en la espalda.

    Puede que algunos contemporáneos se salven si la temperatura global sube demasiado, los centros económicos cambien bruscamente de Londres y Nueva York a Pekín, Sao Paulo o Nueva Delhi, la hambruna provocada por el desigual reparto de las sobrantes se desplace sin rumbo, las guerras por el poder derivado del agua, la energía o las materias primas se desencadenen como fuegos de artificio. No se si las arcas salvíferas estarán en occidente o en oriente, que hasta ese punto llega mi percepción de la confusión. Lo que es hora de poner de manifiesto es que no se está trabajando por la salvación colectiva, y eso, aquí, y ahora, se llama faltar a la ética, aunque se adorne con mucha palabrería y expresión de voluntades que no se tiene intención de cumplir.

    No es necesario apelar a un Dios omnipotente dispuesto a premiar a los justos por haber seguido su designio superior. No hace falta apuntar a las fuerzas etéreas. La humanidad habrá perdido, si se cumplen las peores expectativas, y seguramente no habrá sido la única, sino una vez más, la oportunidad de avanzar colectivamente en el descubrimiento de una respuesta que está en la esencia de cada uno de nosotros, y que parecía estar algo más cercana.

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  • Alfonso Vázquez

    Alfonso Vázquez

    24 Octubre 2014 at 13:01 | #

    Angel, felicitarte por tus aportaciones, y remitir a los lectores a un ensayo-panfleto de Mintzberg sobre el tema sumamente interesante... y preocupante.

    http://www.mintzberg.org/sites/default/files/rebalancing_society_pamphlet.pdf

    Un abrazo

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  • Ángel Alda

    Ángel Alda

    26 Octubre 2014 at 17:26 | #

    Superado el umbral de las mil lecturas del post solo cabe agradecer el esfuerzo de todos los que se han personado en el debate.

    Gracias en esta ocasión por los últimos comentarios recibidos a Alfonso, Ángel Manuel y Roberto.

    Creo que existe un grado de coincidencia muy alto en la expresión de malestar con la situación política degradada en la que chapoteamos. Nos gustaría con seguridad que el clima institucional de nuestro país mejorase y con ello que se liberasen muchas fuerzas y capacidades que hoy dudan sobre el futuro de nuestro país.

    Esas capacidades liberadas, para muchos, deberían consistir, por ejemplo, en un nuevo contrato social que pusiera a los distintos interlocurores económicos y sociales en un plano de confianza. Otra cosa es la forma de conseguir ese objetivo.

    Creo detectar, también, un general deseo de que las empresas pudieran abstenerse de intervenir en política como la mejor forma de evitar los riesgos reputacionales que cualquier intervención en este sentido implica.

    En cualquier caso parece que sería bueno romper el tabú sobre la maldad del debate político entre los empresarios y los directivos de empresa. Primero porque la diversidad política en un país como el nuestro resulta notablemente enriquecedora y no sería justo tener miedo de que esa riqueza diversa aflorase con el debate. Y segundo, y así lo expresan muchos intervinientes, porque vivimos en un estado de crisis en el cual necesitamos la voz de todos como antesala a la generación de un nuevo proyecto político, económico y social para nuestro país.

    Puede que a lo largo de las próximas semanas recibamos mas contribuciones. Sería bueno que así fuese pero debo reconocer que los resultados obtenidos hasta este momento en el debate del tema del mes deben ser considerados como excelentes. A través de mi dirección de correo electrónico pueden hacerme llegar cualquier tipo de comentarios, sugerencias o propuestas de iniciativas relacionadas con el tema.

    Un abrazo y gracias a los lectores.

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  • Enrique Titos

    Enrique Titos

    31 Octubre 2014 at 21:29 | #

    Angel, te felicito por el magnífico debate al cual me incorporo tarde pero con interés en aportar si fuera posible. El tema que tocas es tremendamente poliédrico y precisaría de mucho mas espacio, si bien tu cuerpo de pensamiento y los comentarios ya aportan mucha luz.

    Me gustaría añadir, o al menos resaltar, un ángulo conceptual porque con frecuencia hablamos de empresa como si fuera el único mecanismo de articulación de proyectos bajo el cual una persona, o un grupo, desarrollan una actividad tendente a satisfacer una necesidad. La empresa privada ha sido el mecanismo mas eficiente que bajo el amparo de la doctrina del mercado ha permitido organizar este sistema de "producción de soluciones ante necesidades".

    Pero no olvidemos que no es el único y me atrevo a decir que cada vez será menos excluyente. Creo que otras organizaciones como las cooperativas, asociaciones, y en general entidades sin animo de lucro ocupan una parte fundamental y creciente de la satisfacción de necesidades, especialmente en el ámbito social.

    En suma, me parece que no podemos olvidar la relación entre política y este concepto ampliado de empresa que no funciona para rentabilizar el capital monetario invertido. A estas "empresas" también les afecta, como no, la incertidumbres política y como todos sabemos, y también lo refiere el libro que mencionas de Moises Naim, son una parte creciente del equilibrio inestable del poder que estamos viviendo. Pero no olvidemos el respaldo social que tienen y que cada vez tendrán más, si el caso de EEUU es un buen exponente.

    El segundo tema tiene que ver con el carácter temporal de los períodos políticos versus la permanencia de las organizaciones que denominamos empresas en el sentido amplio. Los primeros se mueven por períodos electorales - lo que exacerba la incertidumbre cuando las alternancias en el poder no comparten una hoja de ruta clara de país -, mientras que los segundos están en principio de por vida. Es decir, han de suceder y sobrevivir a los primeros. De ahí la naturaleza cautelosa de su relación con la política. Abundan las indefiniciones públicas, y sólo en situaciones límite algunos "hacen política con sus declaraciones, como las declaraciones de Lloyds y RBS con motivo del referendum sobre la independencia de Escocia del Reino Unido. Hay momentos en los que no caben los silencios porque las empresas privadas se deben a lo que creen mejor para la estabilidad de su negocio al final, el retorno para sus accionistas.

    Creo que ante esta poliédrica situación las empresas habrán de emplear cada vez más y variados recursos para analizar escenarios, ver impactos y tomar las acciones que permitan al final, que desarrollen su actividad bajo el mandato dado por sus stakeholders. Recursos que no están al alcance de todas las empresas.

    Enhorabuena una vez más por traer este debate a esta plaza.

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  • Consejo Editorial

    Consejo Editorial

    10 Noviembre 2014 at 17:35 | #

    Elías Ramos

    Buen tema el que plantea Ángel. Empresa y Política son conceptos difíciles de separar y debatir sobre su relación siempre es interesante y necesario, sobre todo para poner los límites necesarios. Por aquello de justificar que procedo del mundo del periodismo empiezo por sugerir un cambio de título: “La política y la gran empresa”. Sugiero el cambio porque es desde la política desde donde debe surgir la iniciativa y los límites a los que he aludido y añado “gran” porque lo aclara Ángel, entre guiones, en la primera línea. Un detalle que, por cierto, cambia mucho el sentido del artículo.
    Aclarado el punto de partida, algunas consideraciones:

    1.- El número de grandes empresas (mayores de 5.000 empleados no supera el centenar) por lo que si quitamos las extranjeras, el número es llamativamente pequeño. Creo que hay que aclararlo porque siempre que se habla de este tema solemos interpretar el todo por la parte, en este caso pequeño en números absolutos aunque relativamente sean importantes.

    2.- Sobre expresiones de moda como “puertas giratorias” aclarar que lo criticable es el abuso. Es un tema instituido en todo el mundo. Existen en todos los países donde existen democracias liberales; ni que decir tiene que no existen en el resto por motivos obvios. “Las empresas soy yo”, dice el mandatario de turno. Una cosa es su existencia y otra el abuso desmedido e incontrolado, cosa que denuncia muy bien el artículo. Un político que no está en ejercicio en un consejo puede ser un activo importante para plantear contactos, dar opiniones, etc. sin que por ello tenga que ser criticable. En la estructura de los consejos hay muchas cosas que criticar, además de la presencia de políticos.
    Por ejemplo, en mi trayectoria profesional mes estrené, fuera de las empresas periodísticas, en la Unión Española de Explosivos Río Tinto, entonces el primer grupo industrial privado español. Pasados dos años después de abandonar la presidencia de la Comisión de Asuntos Industriales de la CEE, como se llamaba entonces a la Unión Europea, Etienne D’Avignon fue incorporado a su consejo de administración. Y tenía funciones relevantes. Hasta que una decisión política dejó el grupo en manos de Javier de la Rosa. Era 1.988.
    Que se salten unos plazos es lo que no debería consentirse. Que el presidente Felipe González esté en el consejo de Gas Natural-Fenosa, no es para escandalizar; tampoco que el presidente José María Aznar esté en el de Endesa. Han pasado años suficientes para considerar algo más importante, que es que los políticos en ejercicio, cuando dejan de serlo tienen que trabajar. Y en un consejo, si te obligan las circunstancias, trabajas. Otra cosa es que políticos en ejercicio ocupen cargos en los consejos como pasaba en las Cajas de Ahorro. Así han acabado.

    3.- La relación espuria entre empresas y políticos en España está muy relacionada con un tipo de empresas y, sobre todo, un tipo de sector, que es el de la construcción e inmobiliario en general. Dado el número de empresas, volvemos, muy probablemente a definir el todo por la parte y esto no es bueno ni positivo para un sector que, además de generar el mayor volumen de empleo, engloba a buenísimos empresarios y gestores que se baten el cobre todos los días, sobre todo en estos años de crisis. Falla el sistema y el sistema habrá que preguntar quién lo impone.

    4.- Al frente de las empresas a las que se refiere el artículo hay, mayoritariamente, gestores y no empresarios. No hay más que mirar al Ibex-35.

    5.- La relación empresa y política en España se remonta al nacimiento del propio Estado. Por aprovechar una fecha, recordaré que el próximo año va a hacer 200 que se suspendió el famoso Galeón de Manila, la primera línea regular comercial en el Pacífico y que unía la capital de Filipinas con Acapulco en México. Los barcos, que fueron construidos por la Corona, servían a intereses privados. Había estado más de dos siglos y medio funcionando, es decir, desde la segunda mitad del siglo XVI y posibilitó otra ruta para los productos del extremo oriente. Poco menos de 100 años antes de entrar en funcionamiento esta ruta transpacífica, España había puesto en marcha la transatlántica con el descubrimiento de América. Casi nada.
    En la actualidad, el ICEX desarrolla una relación muy significativa con empresas españolas que salen al exterior o quieren hacerlo. Probablemente es la institución mejor valorada de la Administración por los empresarios, los pequeños y medianos, sobre todo. Sin conocerlo excesivamente, me da la impresión de que la valoración positiva viene de lejos en el tiempo. Claro que la política y la empresa tienen que tener relaciones.

    6.- El interpretar el todo por la parte ha creado una animadversión hacia la figura del empresario que hay que calificarlo de fenómeno excepcional en el mundo desarrollado. No he encontrado en el CIS un estudio que se preocupe del tema en los últimos veinte años, aunque ves dato relevantes en todas las encuestas, como es la atención de estas encuestas hacia los sindicatos, unos sindicatos que son, como se pone en evidencia una y otra vez, correa de transmisión de determinados partidos políticos, como es patente. Hasta Podemos ya ha creado un sindicato, en una muestra más de que el pensamiento reaccionario sigue arraigado en la España del siglo XXI.
    El hecho de que en España la empresa y el empresario tengan mala imagen es una barrera para el emprendimiento y la innovación, como ha destacado repetidamente el Global Entrepeneurship Monitor, un informe de prestigio mundial, en el que hace en España. Naturalmente, el que tengan una imagen así hay que achacar la culpa a las organizaciones que representan, o dicen representar, a los empresarios.

    Y, por último, hay una referencia en el artículo a la “empresa ciudadana”. Con estos términos hay que ser especialmente cuidadosos. Las empresas tienen que ser empresa y adjetivarlas puede ser causa de malentendidos, incluso a la hora de pensar en la estructura social que la rodea. El concepto empresa es ciudadana por principio, sobre todo en un país que, como España el 99,9 de las mismas son pequeñas y medianas y más del 50 % son empresas que no alcanzan los diez empleados.

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  • Ramón Oliver Ruiz

    Ramón Oliver Ruiz

    12 Noviembre 2014 at 14:09 | #

    Creo que este debate es muy importante en los tiempos que corren.

    La empresa tiene que estar en política porque los cambios que necesita este país necesitan de todos, incluidos los empresarios y/o directivos.
    En un país maniqueista en el que los buenos son los trabajadores y los malos los empresarios, es necesario explicar y demostrar que esto ya no es así.
    Es más complejo y está ligado a los valores individuales que cada uno encarna con sus acciones: esfuerzo, responsabilidad, humildad, generosidad.

    ¿A qué podrían los empresarios / directivos contribuir para hacer una sociedad civil más fuerte y más justa si entran en política o toman posiciones comprometidas?

    - A retirar a todos los arribistas egoístas y corruptos que pueblan las asociaciones y la CEOE y que no tienen valores. Regeneración.

    - A demostrar con hechos y ejemplos que hay más empresarios que los que actúan con la máxima de "yo tengo un amigo, yo tengo un negocio" o "de la ley hago mi negocio". Emprendimiento e innovación real.

    - A vertebrar los usos y costumbres del país desde las acciones, no a golpe de ley. Pasar de las palabras a los hechos, parece más fácil para perfiles humanos que a priori son proactivos y que viven de hacer cosas pragmáticas.

    - A abrir camino para que la gente mejor preparada, que hoy está en la esfera privada, acceda a responsabilidades públicas.

    - A demostrar que la política es una profesión noble y temporal como contrapunto a lo que ocurre en los partidos políticos que se han convertido en agencias de colocación de personajes que no tienen ni oficio ni experiencia real.

    - A mostrar a la juventud que existen otros caminos nobles y de éxito al margen de las oposiciones para ser funcionario público.

    - A contribuir con su experiencia de gestión a que se administre mejor el dinero de todos.

    - A dejar de escribir música sin letra en sus memorias corporativas.

    Por último, me gustaría reseñar que es posible entenderse trabajadores y empresarios de otra forma, haciendo política noble. Hay que romper la inercia actual que lleva a que personajes que solo se representan a si mismos pacten como repartirse fondos públicos y puestos de representación social, sin más contenido.

    Por todo esto (y más), los empresarios tienen que estar en política para así hacer una sociedad civil más fuerte y justa, la cual hoy no existe en España.
    Sino, otros sin conocimiento empresarial vendrán a ocupar su lugar con posiciones populistas y discursos simplistas.

    reply

  • Ángel Alda

    Ángel Alda

    21 Noviembre 2014 at 12:36 | #

    Con las últimas, que no menores, intervenciones de Enrique Titos, Elias Ramos y Ramón Oliver damos por cerrado el debate. En este momento el mismo ha recibido cerca de 2500 visitas y ha recibido 18 comentarios, todos ellos de alto valor. Como es lógico a través del debate se han evidenciado distintas líneas interpretativas y posiciones diferentes lo que da seña de la riqueza transversal de nuestro colectivo.

    Con los materiales aportados procederemos a elaborar un documento final que pueda ser distribuido en la comunidad Know Square así como enviado a otros organismos interesados.

    Posiblemente ese documento pueda servir de base para el desarrollo de un debate presencial que anunciaremos debidamente.

    Un saludo para todos en nombre de Know Square.

    Ángel Alda

    reply

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