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Liderazgo ético

(Ed. Aula Magna)

Liderazgo ético

 

“Liderazgo ético” es un libro atemporal. Sin embargo, es ahora cuando es urgente leerlo. Que vivimos en un mundo convulso y de horizontes inciertos es un hecho que no necesita mucha demostración. Ante la inquietud provocada por los momentos de inestabilidad que parecen ser la marca de nacimiento de este siglo, son muchos los autores que intentan establecer vías de solución. O al menos proponer pistas para orientarnos, acaso para que podamos conquistar algo de sosiego. Y en ese empeño nace el recetismo, otra marca de nacimiento del momento que nos ha tocado vivir: cápsulas tan fáciles de digerir como insípidas y carentes de nutrientes, bellamente envasadas en ediciones que se multiplican al igual que los dientes de león. Liderazgo ético no es uno de esos libros.

 

 

Los beneficios de las empresas dependen de la grandeza de ánimo en la conducta de sus líderes”, escribe Alfred Sonnenfeld, recordándonos a todos algo que quizá habíamos olvidado, y es que no todo depende de los procesos, de la tecnología o de las finanzas. Hemos rendido tanto culto a la inteligencia corporativa que tal vez hemos olvidado que el liderazgo es ahora tan importante como siempre. Quizá más importante que nunca. “Líderes que no se dejan arrastrar por la confusión generalizada y, sobre todo, que no se doblegan ante las tentaciones de tener cada día más”, continúa Sonnenfeld.

Cuántos valores proclamados por las empresas se han convertido en declaraciones huecas e inútiles. Porque cuando se obra hacia el exterior se desconecta el compromiso con la ética en primera persona y se corre el grave riesgo de abrazar la “obediencia burocrática cadavérica”, según la denominó Arendt. Frente a ello, “Liderazgo ético” propone un camino alternativo: apropiarse de la belleza. Captar la estética del proceder ético y así llegar a un obrar bien que nazca desde dentro. Es decir, construirse desde la interioridad y evitar la ética en tercera persona. No se trata, nos dice Alfred Sonnenfeld, de tener la vida resuelta ni de acumular producciones. Se trata de hacer buenas obras y, desde su mirada, las buenas obras son consecuencia de ser una buena persona.

“Liderazgo ético” es un libro breve, resultado de un notable esfuerzo de síntesis. En un mundo editorial en el que algunos pensadores escriben gruesos tomos insinuando que más es siempre mejor, se agradecen obras que defiendan que, muy al contrario, menos es siempre más. Once capítulos que contienen diez descubrimientos que todo líder debería conocer: las relaciones, el conocimiento de uno mismo, llevar una vida lograda, gestionar las propias imperfecciones, la capacidad de cambiar, entender el para qué de nuestras acciones, la prudencia y su relación con la capacidad ejecutiva, el espíritu de servicio, aprender a amar y la ilusión vital de la que nace la felicidad.

Si no fuera porque estos diez descubrimientos están fuertemente enraizados en el pensamiento más riguroso y en una señalada capacidad para observar y comprender la realidad de las organizaciones, parecerían meras ensoñaciones. Sin embargo, la lectura de la obra de Sonnenfeld permite comprobar, párrafo a párrafo, no solo que si nuestros líderes aplicaran todas estas claves el mundo sería mejor, sino que realmente es posible llevarlas a cabo para ser, cada uno de nosotros, también mejores. Solo hace falta la claridad que este libro otorga y buenas dosis de valentía: “comprometerse a vivir en primera persona la aventura de la felicidad implica renunciar a la hipocresía, al escándalo hipócrita y a la simulación entre hipócritas”. Porque “el efecto más importante de nuestros actos no es el que se manifiesta al exterior, sino el que nos configura como personas”.

“El buen líder es alguien que sabe servir a la gente y resolver problemas”, sigue escribiendo Sonnenfeld. En plena era del narcisismo, en la que aparentar compite con ser, el liderazgo ético es una de las respuestas a nuestra confusa vida normal. Necesitamos líderes íntegros, personas que fijen rumbos y tomen decisiones bien armadas y articuladas. Dirigentes que ayuden a los demás a triunfar, que calculen sus acciones desde la ética, con compromiso y creatividad.

Con todo, el mayor acierto de este libro no es describir el tipo de liderazgo que necesitamos. Sino ser capaz, a través de sus líneas, de hacer que nos miremos a nosotros mismos. Que evaluemos si nos conocemos lo suficiente, si nuestra vida es de verdad lograda y si somos capaces o no de apropiarnos de la belleza. La propuesta más valiente de este extraordinario ensayo consiste en desafiar nuestras creencias sobre nosotros mismos y construir nuestro liderazgo a través de la reconfiguración de lo que somos, para llegar a ser lo mejor que podamos ser.

 

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