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Reflexiones de un directivo en paro (Artículo)

Fiel a la máxima de Jorge Wagensberg en “Si la Naturaleza es la respuesta, ¿cuál es la pregunta?”, “desconfío de la idea que no cabe en una frase”, Miguel Ángel Aguirre, director general de Edelman España y uno de los profesionales de la comunicación corporativa más respetados (ha trabajado en Indra, Burson-Masteller y en Ebro Puleva), ha resumido en apenas un centenar de páginas “Tribulaciones de un directivo en paro” (editado por LoQueNoExiste). El punto de partida para sus interesantísimas reflexiones es Watson, que tiene más de cuarenta años y acaba de perder su empleo como directivo de una multinacional española, que “bien podría parecerse a una de las grandes corporaciones que componen el índice Ibex 35”. Ha entrado así “a formar parte de la larga lista de desheredados de la tierra laboral”.

Con una estructura realmente innovadora en este tipo de obras, una particular correspondencia que entabla Watson con el lector para compartir sus experiencias y sus estados de ánimo desde que se ha quedado en la calle, se analiza el drama del paro desde el punto de vista de un directivo. El gran acierto es que Aguirre lo hace desde el sentido del humor, sin que menoscabe en momento alguno el drama que es quedarse en la calle, y, sobre todo, desde la reivindicación de la autoconfianza y de la esperanza.

De esta original manera, Aguirre define "Las 12 leyes elementales de Watson":

  1. "No tema embarcarse en proyectos profesionales que sean originales, siempre que sean únicos y generen ingresos, claro".
  2. "La confianza es siempre rentable"
  3. "Aprenda a nadar fuera del banco de peces"
  4. Vocación + tensión = salud + bienestar mental
  5. "Estamos para los demás"
  6. "No se haga trampas cuando juegue al solitario no es sano ni prudente"
  7. "Siempre hay motivos para mantener la esperanza"
  8. "Haga lo que le gusta y se le dé bien"
  9. "Aunque tenga miedo, hágalo"
  10. "Para ser grande, sea entero"
  11. "Sea agradecido"
  12. "Nuestro destino será el que nos merezcamos"

Son reflexiones que no tienen desperdicio. Lo mismo que el torrente de citas (Séneca, Baltasar Gracián, Miguel de Unamuno, Albert Einstein, Viktor Frankl, G. K. Chesterton, Arthur Schopenhauer, Joseph Conrad, José Ortega y Gasset, Cicerón, Virgilio, René Descartes, José Antonio Marina, Jorge Wagensberg, Santiago Álvarez de Mon, entre otros).

Aguirre recurre a una versión modernizada del Club de los Negocios Raros, formado exclusivamente por personas que han inventado alguna nueva y curiosa manera de hacer dinero y descrito por la inigualable pluma del escritor británico G. K. Chesterton. Y también cita otra reflexión de Chesterton: "No sólo estamos todos en el mismo barco, sino que estamos todos mareados". Y plantea la necesidad de escuchar al corazón, de buscar la tranquilidad y el silencio ("no hay música más grande y más sublime que el silencio", recuerda Miguel de Unamuno).

También recurre a Ken Robinson, que en "El Elemento" afirma  que "cuando hacemos algo que nos gusta y que se nos da bien, tenemos muchas más probabilidades de centrarnos en nuestra verdadera autoconciencia: ser quienes en realidad creemos ser".

"Aunque tenga miedo, hágalo igual", señala la novena ley de Watson, formulada por Miguel Ángel Aguirre siguiendo la estela de la obra de del mismo título escrita por Susan Jeffers. Y elogia la sana ambición, apoyándose de nuevo en Unamuno: "El que no aspire, apenas hará nada hacedero que merezca la pena".

Se trata de una obra breve, pero intensa. Ya se sabe, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y esta obra es un excelente ejemplo de la validez de ese principio.

Adjunto
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