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Schadenfreude. El lado oscuro de la naturaleza humana - Artículo

Dentro de nuestra naturaleza, la naturaleza humana, late un conflicto eterno entre el interés propio más estricto (egoísmo) y la preocupación por los demás (altruismo). Schadenfreude alimenta y potencia nuestro egoísmo, la primacía de nuestro interés personal en las situaciones competitivas y nuestra marcada preferencia por la superioridad frente a la inferioridad.

Schadenfreude (*). El lado oscuro de la naturaleza humana


Imagen procedente de ‘Universo de emociones’. 
http://universodeemociones.com/alegria

Schadenfreude1 describe una emoción, la emoción que se encuentra en el anverso de la moneda de la envidia pero que, inevitablemente, viaja con ella. La envidia (emoción dolorosa) es el sufrimiento por el éxito ajeno. La Schadenfreude (emoción placentera) es el regodeo (gloating, en inglés) por el sufrimiento ajeno. 

¿De dónde viene esta emoción? El fracaso de los otros, en ocasiones, es un tranquilizante para nuestra propia ineptitud y la animadversión que sentimos hacia los demás ya que gran parte de nuestra vida emocional es el resultado de compararnos con los demás. La inferioridad nos hace sentirnos mal, la superioridad bien. Las personas con autoestima baja parecen más proclives a beneficiarse del dolor ajeno. Reforzar nuestro ego, a costa de los demás, nos beneficia en la lucha por la supervivencia, nos permite ascender en la jerarquía y acumular beneficios.  La lucha adaptativa consiste simplemente en ser mejor que tu competidor. 

Pensemos fuera de la caja. ¿Cuál es el opuesto a este sentimiento, la alegría y el regocijo por el éxito de los otros? En el budismo existe una expresión ‘muditā’ que es una de las cuatro emociones sublimes, de las virtudes más altas a las que puede aspirar un hombre (o una mujer). No es lo mismo que nuestra cristiana compasión que tiene que ver con la empatía, con el sufrimiento ajeno. Sentimos que cuando una persona tiene una desgracia es porque se la merece, es una consecuencia de sus cualidades interiores. Si eliminamos ese sentimiento daremos prioridad a la empatía frente a la Schadenfreude2

No se trata de deshabilitar emociones, esa tarea es improbable, imposible diría. Pero quizás sea hora de desaprender de verdad e incorporar emociones y pasiones prevalentes mucho más constructivas a nuestro software, pasiones spinozianas. En tiempos de transformación digital nuestro software se muestra poco evolucionado. En gran medida andamos con versiones preliminares, esto explica que a día de hoy sigan tan vigentes las cuestiones de los diálogos platónicos, por ejemplo. El paso radical está en la toma de conciencia y en el trabajo colectivo, sobre la base del empoderamiento, hacia el altruismo, permitiendo que el mono que somos dé un paso atrás y deje espacio a los ángeles que llevamos dentro, en palabras de Steven Pinker. 

Demos espacio a los cuatro ángeles interiores de los que nos hablaba Pinker: La empatía («preocupación compasiva») que nos empuja a sentir el dolor de otros y a alinear sus intereses con los nuestros. El autocontrol nos permite prever las consecuencias de actuar sobre los impulsos y, por tanto, inhibirlos. El sentido moral consagra una serie de normas y tabúes que rigen las interacciones entre las personas de una cultura, a veces de maneras que reducen la violencia, aunque a menudo (cuando las normas son tribales, autoritarias o puritanas) de maneras que la incrementan. Y la facultad de razonar nos permite liberarnos de nuestras posiciones estratégicas provincianas, reflexionar sobre el modo en que vivimos la vida, deducir maneras en que podríamos mejorar, y guiar la diligencia de los otros mejores ángeles de nuestra naturaleza.


Notas

(*) Referencias principales: Richard H. Smith. Schadenfreude. La dicha por el mal ajeno. Madrid, Alianza editorial, 2016. - Steven Pinker. Los ángeles que llevamos dentro. Barcelona, Paidós,

1.- En otros idiomas existen palabras que describen la emoción. En el griego antiguo epikhairekakia (ἐπιχαιρεκακία) que ya usó Aristóteles. Árabe: shamaatah, shamtan. Croata y serbio: zluradost (zlo: mal, radost: alegría). Checo: škodolibost (škoda: daño o pérdida, libost: placer). Danés y noruego: skadefryd (skade:, daño, fryd: regocijo). Estonio: kahjurõõm (kahju: daño, rõõm: alegría). Finlandés: vahingonilo (vahinko: accidente o daño, ilo: alegría o felicidad). Hebreo: simja la’id. (simja: felicidad, id: desgracia). Holandés: leedvermaak (leed: sufrimiento o pena, vermaak: entretenimiento). Lituano: piktdžiuga (piktas: enojado, džiaugsmas: alegría). Sueco: skadeglädje (skada: daño, glädje: alegría o felicidad). Ucraniano: zlovtiha (zlo: mal o daño, vtiha: alegría o felicidad). En castellano regodearse quizás sea la palabra que mejor describa la emoción. La RAE, en su tercera acepción las describe como ‘complacerse maliciosamente con un percance, apuro, etc., que le ocurre a otra persona’.

2.- En la base de la psicología positiva de Martin Seligman, por ejemplo, está la idea de la empatía conduce más a la felicidad personal que las gratificaciones centradas en una mismo.

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