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Estrategias de poder

China, Estados Unidos y Europa en la era de la gran rivalidad (Ed. Deusto)

Estrategias de poder

 

El pueblo chino se ha puesto en pie” fue el título del discurso de apertura pronunciado por el camarada Mao Tse-Tung (hoy MaoZedong) en la I sesión plenaria de la Conferencia Consultiva del Pueblo Chino celebrada en 21 de septiembre de 1949. Hasta hoy, una larga marcha muy distinta a la que el propio Mao protagonizó al mando de su ejército, el Ejército Rojo, en los años 1934 y 35 del siglo anterior, una epopeya en los anales de la reciente historia china.

 

 

“Estrategias de poder”, uno de los libros finalistas del Premio Know Square al Mejor Libro de Empresa 2020 relata otra epopeya y sus consecuencias: el pulso al indiscutible líder mundial de los últimos 100 años, los Estados Unidos de América, consecuencia del increíble crecimiento económico y social del gigante asiático en los últimos treinta años.

Esta interesante crónica sobre el tema más crucial que nos ha tocado vivir la escribe Fidel Sendagorta, actual director general de Política Exterior y Seguridad. Diplomático de larga carrera y experiencia y uno de los miembros del primer think tank español como lo es el Real Instituto Elcano. El resultado es un excelente libro que no solo resume ágilmente la situación creada por el despegue de China y su posicionamiento como gran potencia tecnológica e innovadora, sino que nos abre una puerta a estudiar el fenómeno chino y nuestro futuro. Y cuando digo nuestro, no me refiero solo a España, sino también a la Unión Europea, el gran afectado por esta pinza.

El inicio de este proceso hay que ponerlo en la actitud de Deng Xioping cuando se hace con el poder en 1978, aunque no conviene olvidar que ciertos conceptos, que ahora se manejan con soltura, provienen de épocas anteriores. Fundamentado en una organización política de la rigidez acostumbrada en los regímenes comunistas, la economía empezó a fluir, alejándose del modelo soviético y poniendo en marcha un proceso de acercamiento y aprovechamiento del sistema más anticomunista posible como es el capitalismo.

Sin embargo, el término “capitalismo de Estado” que ahora utilizamos viene de lejos. Lo encontramos en una anotación que hace Mao a un documento de la Conferencia Nacional sobre el Tratado Económico-Financiero fechado el 9 de julio de 1953, unos días antes de la finalización de la Guerra de Corea.

Ya no es una economía capitalista común y corriente”, escribe Mao, “sino particular, una economía de nuevo cuño. Su principal razón de ser no es brindar ganancias a los capitalistas, sino satisfacer las necesidades del pueblo y del Estado”. El objetivo, la reconstrucción de país que aleje su dependencia de las potencias occidentales y logre una entidad que hasta ese momento no había tenido.

La trayectoria apuntada por Mao queda rota, sin embargo, por la mala gestión de las intenciones expresadas y otros errores marcados por el dogmatismo que se implanta en todos los ámbitos y que tiene en la denominada “Revolución Cultural”, que se extiende entre 1966 y 1976 y que arrastra a China a una situación insostenible en todos los ámbitos, tendencia que se rompe al ser apartado del poder para iniciar esta nueva etapa que comienza en los últimos años de la década de los setenta.

El gran salto se produce, sin embargo, mucho más recientemente con la llegada al poder de Hu Jintao primero y Xi Jinping, después, para dotar a China de una capacidad de cambio basada en la apertura al exterior tanto en el capítulo económico como en el educativo. No en vano, todos los años un millón de estudiantes chinos están repartidos en universidades de todo el mundo, especialmente Estados Unidos y Reino Unido, un reflejo más de la apertura que ha llevado a China a ocupar el liderazgo de la inversión mundial.  

De 700 millones de euros invertidos en Europa en 2008 pasaron a 20.000 en 2015 y 35.000 millones en 2016, ritmo que se mantuvo en los dos años siguientes aunque fuera menor. Eso solo en Europa. Algunos de los hitos son muy conocidos, como lo es la adquisición del 9,7 % del grupo “Daimler” por el grupo chino “Geely” por valor de 7.300 millones o la compra de la “Kuka”, empresa de robótica, también alemana, por “Midea” por valor de 4.500 millones de euros, temas que terminaron por encender las alarmas en Alemania y otros países europeos. Por supuesto, ese despegue económico al que más afecta es Estados Unidos que sí que terminó por poner límites a la compra de tecnología después de que se detectara que en 5 años China había importado semiconductores por valor de 200.000 millones dólares.

De sus consecuencias, de sus objetivos y sus estrategias han derivado las acciones de las otras áreas donde se concentra el poder en todos los órdenes y que representan Estados Unidos y Europa. El primero porque hay un país que es capaz de mantener un pulso con el líder y en el caso de Europa porque la competición entre los dos gigantes está dejando fuera a lo que ha sido el gran centro emisor de la cultura y la ciencia en los últimos siglos, como lo ha sido este pequeño territorio que es la Unión Europea más el Reino Unido.   

 

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