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Gracias por llegar tarde - Finalista Premios KnowSquare 2018

Resumido por Rafael Martínez, miembro del Jurado de los Premios Know Square

Editorial Deusto
Autor: Thomas L. Friedman

El tres veces ganador del premio Pulitzer se enfrenta ahora al reto de hacer inteligibles los principales aceleradores del cambio que vivimos: tecnología, globalización y cambio climático. El resultado es un libro que es un relato poliédrico e instructivo, vibrante en muchas de sus páginas. Friedman invita a los que vivimos en esta tormenta perfecta a tomar una pausa para re-imaginar nuestro futuro y sustituir el temor por la cooperación y el liderazgo.

Gracias por llegar tardeEn la primera línea de "Gracias por llegar tarde", Thomas L. Friedman nos anticipa que éste quizá sea su último libro. Eso marca un tono de ambición y responsabilidad en este trabajo, que aborda ni más ni menos que un resumen de los últimos 50 años que nos han traído hasta aquí y un modelado de las tendencias y retos que nos esperan.

Si hay algo que hace bien el autor es acercar un tema y divulgarlo de forma adictiva (lo que él llama "traducir del inglés al inglés"). Friedman comienza por explicar de dónde surge su amor por el periodismo. En muchas páginas el lector se siente una especie de reportero omnipotente: Friedman sigue hilos, y va tejiendo reflexiones personales, historias y conversaciones en una trama vigorosa y amena. De algún modo, su método comparte la forma de la realidad que trata de reflejar: interconectada, dinámica, emergente.

Pronto desvelará también la razón del título, que alude a esa pausa que se nos regala de forma casual cuando alguien llega tarde a nuestra cita. Frente a la aceleración hipnótica del entorno, necesitamos tiempos para parar a pensar. Esa pausa es la clave de todo pues nos sustrae de la vorágine de la vida diaria y nos permite conectar con nuestros valores y desde ahí diseñar un futuro sostenible y deseable.

En la agenda de Friedman está el hacer inteligible para nosotros los principales aceleradores del cambio que vivimos: tecnología (acelerada de forma exponencial por la Ley de Moore), mercado (acelerado por la globalización) y naturaleza (tensionada por el cambio climático y la pérdida de biodiversidad). Nuestra capacidad de adaptación no ha crecido tan deprisa como el cambio. Un ejemplo de esta velocidad de cambio es que algunas líneas del propio libro, tras apenas dos años tras su publicación, ya necesitan de algunas revisiones.

2007 es para Friedman un punto de inflexión, pues en ese año la tecnología reveló su potencial, con evidencias como el nacimientos del iPhone, el bitcoin, el Kindle, la secuenciación del ADN, los nuevos materiales... Los microchips continúan duplicando regularmente su potencia gracias al ingenio humano, e impulsan cambios en como las máquinas sienten la realidad, la procesan y contribuyen a tomar decisiones. Friedman emplea el término "supernova" en lugar de "cloud" para expresar esta nueva fuerza que procede de interconectar mundialmente todo este poder.

La tecnología también ha conseguido que “la complejidad salga gratis”. Gracias a sofisticadas aplicaciones es sencillo, por ejemplo, encontrar una habitación de nuestro agrado, propiedad de un particular desconocido, en cualquier lugar del mundo. Este potencial ha sido más aprovechado donde más falta hacía: las regiones en vías de desarrollo. Friedman asume que la tecnología no robará trabajos, sino que ayudará a que se hagan mejor. Su visión es la de la co-evolución de personas y máquinas.

La globalización incorpora los flujos de datos a los de bienes y servicios. Los mercados se embeben de la lógica digital, y como en las plataformas, comenzamos a observar que un nodo (un mercado, un país, una empresa) es más rico cuanto más conectado. De igual modo, personas y compañías se ven obligadas a invertir en aprendizaje permanente si quieren participar en los nuevos flujos de creación de valor. Al analizar el malestar que causa la globalización señala que tienden a obviarse sus beneficios por ser graduales y sutiles. No obstante, reconoce que las nuevas dinámicas tensionan economía y geopolítica, existiendo la posibilidad desembocar en escenarios regresivos.

Es en la naturaleza donde estas tendencias de desarrollo muestran mejor su posible coste con un indicador claro en el cambio climático. Esto es acompañado por el impacto humano en la destrucción de hábitats. Friedman se atreve a anticipar el fin del Holoceno, el periodo post-glacial de 12.000 años en el que se han disfrutado de climas benignos.

Pero la naturaleza no es sólo algo en riesgo, es también maestra de la adaptación flexible. La forma en que la vida llena cada nicho, los individuos generan interdependencias saludables o las mejores soluciones se extienden son una gran referencia para la humanidad que aún no domina el pensamiento sistémico y que en algunas cosas juega con torpeza a ser Dios.

En la parte final del libro Friedman baja el ritmo y ofrece algunas notas autobiográficas para ofrecer un modelo del impacto positivo de una comunidad fuerte y abierta (lo que llama “el ancla”). La aparente paradoja del pluralismo unido a valores generales pero fuertes generó un circulo virtuoso en St. Louis Park, donde se generaron muchas carreras de éxito y prosperidad común. En este sentido Friedman lamenta el exceso de partidismo político que impide alcanzar soluciones de largo plazo, y aplaude las iniciativas de espontáneas de transformación procedentes del mundo civil y de los negocios.

En esta edición española no se ha respetado el subtítulo original "una guía del optimista para prosperar en la era de las aceleraciones". Ha preferido presentarse como una "guía imprescindible para comprender el mundo en que vivimos". El cambio es un acierto por dos motivos. El primero, no es una guía cuyo objetivo sea dotar al lector y sólo a él de más prosperidad, sino que ésta llegue a todos. El segundo, que, aunque es fácil advertir un tono voluntarista que lleva a soslayar retos (por ejemplo, 2007 pasa a ser el año de la tecnología sin citar la crisis financiera), irritará a los optimistas porque no ofrece confort en la transición. Como señala el autor, las calles en Nueva York nunca fueron más peligrosas que cuando comenzaron a aparecer los automóviles, pero aún persistían caballos y carros. También irritará a los partidarios de priorizar, o bien el pasado, o bien alguno de los tres ejes resaltados (tecnología, mercados y naturaleza) en las decisiones futuras. Quizá aquí estén condensadas las ideologías que vienen.

Son muchas las personas que participan y dotan al libro de un valioso contraste de autoridades. Es notable que Friedman nunca prioriza a la gente importante a la que tiene acceso, sino a la que tiene algo importante que decir, aunque sea el empleado de un parking. Al mismo tiempo, el lector va reconociendo en la experiencia de los entrevistados las estrategias humanas que nos permiten adaptarnos con éxito a esa complejidad. Pero el propósito del libro no es individual, sino colectivo: que a nivel sociedad unamos las piezas y reinterpretemos trabajos, política, geopolítica, valores y comunidades y seamos capaces de sustituir el temor por la reflexión, la cooperación y el liderazgo.

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