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La incertidumbre bioactuarial en el riesgo de longevidad: Reflexiones bioéticas (Reseña del libro de José Miguel Rodríguez-Pardo del Castillo)

La verdad es que el título no invita precisamente a su lectura. Y menos todavía en un país que, como desgraciadamente retrata con acierto Antonio Machado, "desprecia cuanto ignora". Pero su autor no es un cualquiera. Profesor de la Universidad Carlos III, director académico y profesor en el ICEA, miembro del Comité Científico del Iclam 2013, José Miguel Rodríguez-Pardo del Castillo está considerado como uno de los mayores expertos en longevidad y envejecimiento. Y el libro, a pesar de su título poco atractivo (un acierto su publicación por la Fundación Mapfre, es el número 161 de sus Cuadernos), comienza con una cita de “El libro de los muertos” de Elías Canetti: “¡Oh, edad, edad! ¿Habrías muerto con más esperanza antes?”. Lo que dice mucho sobre la cultura del autor, que recurre a muchas citas, todas ellas ilustrativas y muy bien colocadas. Y sobre todo la obra muestra datos muy interesantes. Y que afectan también a la estrategia de las empresas.

Título del libro: "La incertidumbre bioactuarial en el riesgo de longevidad: Reflexiones bioéticas". Autor: José Miguel Rodríguez-Pardo del Castillo. Instituto de Ciencias del Seguro de la Fundación Mapfre. 2011. 180 páginas.

Intentaré resumir algunos pensamientos de la obra, que plantea el análisis de la finitud del ser humano desde la bioética. Uno: "Nunca ha tenido la humanidad tantas posibilidades de mejorar la calidad de vida y, al mismo tiempo, nunca se ha visto la vida tan amenazada". Dos: "Son los humanos los últimamente responsables de la mayor parte de daños que le acechan". En esa línea, recuerda la frase de Andrei Sajarov: "Ningún hombre puede rechazar su parte de responsabilidad en aquellos asuntos de los que depende la existencia de la humanidad". Tres: la exigencia de una ética para la calidad de vida. Como dice Victoria Camps, "debemos construir una ética para una vida incierta". Incierta, fundamentalmente, por las decisiones de los seres humanos.

Desde este planteamiento marcado por la bioética, el autor aporta varios datos. Por ejemplo, que una de cada siete millones de personas es centenaria en el mundo. En España, son 7.190 en 2009, según el Instituto Nacional de Estadística. Pero el número de centenarios aumentará considerablemente: los japoneses con más de 100 años serán un millón de personas en 2050, en Estados Unidos 5,3 millones en 2100. Naciones Unidas señala que en 2030 la esperanza de vida en los países desarrollados será de entre 100 años y 106. Uno de cada mil centenarios llegará o sobrepasará los 110 años.

José Miguel Rodríguez-Pardo analiza el límite de la vida humana, los factores que influyen en la longevidad (muy interesantes sus reflexiones sobre la dieta mediterránea y sobre el sueño), y cuestiones tan polémicas como la eugenesia y la eutanasia. También se detiene con detalle en las causas de mortalidad.

Pero creo que la aportación de la obra es el análisis de la esperanza de vida. Así, según el autor, España se encuentra entre los países con mayor esperanza de vida de la Unión Europea. La esperanza de vida de las mujeres españolas, 84,2 años, es la mayor de toda la UE. Y la de los españoles, 77,7 años, sólo es superada por los suecos (78,7 años).

Más importante: la expectativa de vida de las personas en el mundo desarrollado ha subido en los últimos 170 años en un promedio de tres meses por año. "Y no hay un final a la vista en esta tendencia", señala Rodríguez-Pardo. En los países más ricos el aumento es de cinco horas al día.

Y atención al dato: en España en los próximos 15 años el peso de los mayores superará el 20% de la población, manteniéndose la diferencia de esperanza de vida entre sexos. Desde 1991 la esperanza de vida de mujeres de 65 años se ha incrementado en 2,4 años (2,1 años en los varones).

Más aportaciones: la esperanza de vida libre de discapacidad se ha incrementado en España más de cuatro años desde 1995. La esperanza de vida saludable (sin enfermedad) para mayores de 65 años es de 7,4 años para los hombres, 6,6 años para las mujeres. Con las consiguientes postergaciones del gasto sanitario ligado al aumento del envejecimiento.

Pero las tasas de discapacidad de la población crecen con la edad: del 15,6% de la población de 65 años se pasa al 75,1% a partir de los 90 años. Cruel, pero real: "Detrás de un pensionista se encuentra con bastante probabilidad un discapacitado".

Al mismo tiempo, el 85% de las enfermedades de los países ricos son crónicas. Y por tanto este asunto se complica con el aumento de la esperanza de vida.

"Cuanto mayor es la esperanza de vida se necesitan mayores reducciones en la mortalidad para conseguir mejorar un año la esperanza de vida", reflexiona el autor.

Finalmente, Rodríguez-Pardo plantea impactos del riesgo de longevidad en el seguro: rentas vitalicias, mayor propensión al aseguramiento de las personas sanas, entre otros.

Y vuelta al principio. A esa "ansia de no morir" de la que habla Unamuno. La pregunta clave es la que plantea el autor: "¿Cómo se valorará el riesgo de supervivencia en un ser humano que ha sido diseñado genéticamente buscando un ser perfecto?" Porque se puede llegar a la utopía de la "muerte natural": un ser humano puede perfectamente vivir sin enfermedades y de manera plenamente autónoma hasta su fallecimiento por senectud. En el mejor de los casos, se agotaría la duración de la vida sin necesidad de recurrir a los servicios de salud.

Todo un reto para la biomedicina y las ciencias actuariales, que deben analizar las causas del envejecimiento, predecir la esperanza de vida de las generaciones actuales y futuras, la influencia de los estilos de vida, el impacto de las enfermedades, y los avances de la genética.

Desde el punto de vista asegurador, el riesgo de longevidad puede alterar la determinación del precio de un seguro de Vida. Y puede llegarse al extremo de que el riesgo de supervivencia no podrá suscribirse ante las muchas incertidumbres planteadas. Y con el agravante de la demanda social en materia de no discriminación.

Lo que es evidente es que el riesgo de longevidad es sistémico y está llamado a tener un papel relevante, para lo bueno y para lo malo, en el seguro de Vida y en otras cuestiones (pensiones, jubilación, asistencia sanitaria, dependencia, asistencia a la tercera edad, turismo y viajes, entre otras.). El autor cifra en 15 billones de euros ese riesgo en la actualidad: el 90% corresponde a fondos de pensiones y el 10% a seguros.

Adjunto
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